De democracias fatigadas a democracias en cuarentena

El ciclo político que comenzó a abrirse tras la muerte de Chávez y el descenso de los precios de las materias primas empezó a mostrar inequívocos síntomas de fatiga. Eran indicios hallables en democracias de otras latitudes que no eran una originalidad latinoamericana, aunque aquí sí que reaparecieran ciertos rasgos.

Y las calles se vaciaron

La pandemia generada por el Covid-19, con capacidad de llegar a todos los rincones del orbe, cambió drásticamente la agenda de las cosas. Desde una perspectiva latinoamericana, hay tres aspectos que confluyeron a la hora del vaciamiento de sus calles y, de alguna manera, de desactivar la presión política que se vivía en 2019.

Es el Estado, ¡estúpido!

Una institución que se decía obsoleta para muchos teóricos asoma su quehacer y muestra lo imprescindible de la misma. En frente, una población asustada da hálito al proyecto hobbesiano por excelencia. El miedo como principio necesario para justificar al Estado constituye el ingrediente imprescindible para cerrar el ciclo.

El opio del pueblo

Cuatro palabras que conforman una expresión conocida y, en tiempos, muy popular sobre la que, además, hay plena conciencia de que no es apócrifa. Su autor, Carlos Marx, la desliza al final de una famosa frase en la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel: “la religión es el sollozo de la criatura oprimida… Es el opio del pueblo”.