{"id":1369,"date":"2019-12-05T10:57:03","date_gmt":"2019-12-05T13:57:03","guid":{"rendered":"http:\/\/latinoamerica21.com\/?p=1369"},"modified":"2023-02-03T21:59:00","modified_gmt":"2023-02-04T00:59:00","slug":"las-ultimas-crisis-en-america-latina-no-son-lo-mismo-pero-son-iguales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/las-ultimas-crisis-en-america-latina-no-son-lo-mismo-pero-son-iguales\/","title":{"rendered":"Las \u00faltimas crisis en A. L.: no son lo mismo, pero son iguales"},"content":{"rendered":"\n<p>Am\u00e9rica Latina da la raz\u00f3n, una vez m\u00e1s, a Sidney Tarrow en que hay ciclos de acci\u00f3n colectiva, es decir, una especie de efecto contagio entre los pa\u00edses y sus per\u00edodos de conflictividad. Pero, y esto lo hemos debatido en el Instituto de Iberoam\u00e9rica, aunque las crisis muestran similitudes estructurales, tambi\u00e9n hay diferencias que permitir\u00edan clasificarlas en al menos tres tipos: cr\u00f3nicas, tendencialmente pol\u00edticas y tendencialmente econ\u00f3micas.<\/p>\n\n\n\n<p>Vamos con las similitudes. Los militares son, una vez m\u00e1s, protagonistas, \u00e1rbitros y el peso que inclina la balanza. Dan soporte estructural al Gobierno de Venezuela (y tienen un papel similar en Nicaragua), evitaron que Len\u00edn Moreno fuese el cuarto presidente electo del Ecuador contempor\u00e1neo que no termina su mandato, mientras que en Bolivia \u201csugirieron\u201d que el presidente <a href=\"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/por-que-evo-morales-no-quiere-debatir\/\">Evo Morales<\/a> renunciara. <\/p>\n\n\n\n<p>Esta \u00faltima acci\u00f3n ha generado un debate sobre la naturaleza de los golpes de Estado en el siglo XXI que se ha centrado en que: 1) no hubo golpe al no haber acci\u00f3n violenta contra el presidente (como si la sola amenaza no lo fuera) y 2) las irregularidades electorales o la misma candidatura de Morales, fruto de la venia de una Corte Constitucional de dudosa independencia, son precedente y justificaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Los brutales niveles de represi\u00f3n y muertes, adem\u00e1s del dolor de personas y familias, son una p\u00e9sima noticia para la democracia no solo por el estigma sobre los Gobiernos, sino tambi\u00e9n como indicio de que la capacidad de las instituciones y de las personas para manejar los conflictos es deficiente o ha sido superada. Adem\u00e1s, la violencia no es solo del Estado, sino que tambi\u00e9n hay grupos de manifestantes que la usan de forma premeditada y organizada.<\/p>\n\n\n\n<p>Son crisis que tienden a convertirse en partidas del ajedrez geopol\u00edtico internacional. En Venezuela, est\u00e1n presentes todos los \u201cgrandes maestros\u201d y, en casos como el de Bolivia o Chile, el apoyo internacional a los bandos se ha dado por afinidad ideol\u00f3gica, m\u00e1s all\u00e1 de los hechos. En el primer caso, hay que recordar la determinante actuaci\u00f3n de la Organizaci\u00f3n de Estados Americanos (OEA). Y en los otros, la vuelta de un cl\u00e1sico: el Fondo Monetario Internacional (FMI), catalizador de la ira de las protestas en Ecuador o el culpable de la situaci\u00f3n econ\u00f3mica de Argentina para algunos.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Para explicar lo que pasa en la regi\u00f3n, hay que mirar la desigualdad estructural como variable explicativa\u00bb<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Como siempre, para explicar lo que pasa en la regi\u00f3n, hay que mirar la desigualdad estructural como variable explicativa, sin olvidar que no se trata de un fen\u00f3meno limitado a la abismal diferencia entre los m\u00e1s ricos y los m\u00e1s pobres, sino de una diferenciaci\u00f3n estructural en la que tambi\u00e9n est\u00e1n presentes factores sociales, \u00e9tnicos, regionales, de clase y estatus, que trazan una frontera entre grupos cuyo enfrentamiento se refleja, en cuanto a lo pol\u00edtico, en una situaci\u00f3n de extrema polarizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de las diferencias, casos de crisis cr\u00f3nicas son Venezuela y Nicaragua. Ambos pa\u00edses tienen Gobiernos de tendencia autoritaria bastante consolidados en el poder, en los que ha habido episodios de represi\u00f3n de demandas sociales y cuya poblaci\u00f3n busca permanentemente la acci\u00f3n colectiva a trav\u00e9s de mecanismos de voz, salida o lealtad. Son crisis multicausales que pueden agravarse por problemas econ\u00f3micos o humanitarios. Tambi\u00e9n se podr\u00eda incluir aqu\u00ed el particular caso de la crisis estructural de Hait\u00ed, pero con la diferencia de que no cuenta con un Gobierno fuerte que controle al aparato del Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>Son crisis tendencialmente pol\u00edticas los casos de Bolivia y Per\u00fa. En estos, se ha dado una estructura de oportunidad que ha permitido aflorar el descontento de la poblaci\u00f3n o pol\u00edticos a partir de situaciones de polarizaci\u00f3n y conflictos sociales o institucionales no resueltos. <\/p>\n\n\n\n<p>En el primer caso, se ha sumado el orden social y pol\u00edtico que dio forma a un Estado cruzado por una \u201cfrontera \u00e9tnica\u201d que el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) no pudo reducir. Por el contrario, fue potenciada de forma latente por la reacci\u00f3n conservadora a sus medidas de inclusi\u00f3n y visibilidad multicultural. En este escenario, la democracia no ha funcionado, pues no se ha impuesto la idea de igualdad ciudadana (base del r\u00e9gimen y del Estado de derecho) ni el respeto a las normas sobre distribuci\u00f3n del poder. Los m\u00faltiples intentos del gobierno de Morales por reelegirse o el proceso para que \u201cDios vuelva al palacio\u201d son la mayor evidencia. <\/p>\n\n\n\n<p>Per\u00fa, por su parte, es un pa\u00eds at\u00edpico en el que las crisis pol\u00edticas no generan extrema conflictividad social, quiz\u00e1 por la falta de actores o partidos que movilicen. Resulta sorprendente que la salida de Pedro Pablo Kuczynski y la disoluci\u00f3n del Congreso por Mart\u00edn Vizcarra no hayan tenido repercusi\u00f3n social o econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p>Son casos de crisis tendencialmente econ\u00f3mica, Chile y Ecuador. Del primero, mucho se ha dicho ya de la desigualdad econ\u00f3mica y de un modelo que conf\u00eda en un mercado poco regulado, que no permite a las familias satisfacer sus necesidades. Mientras, en Ecuador estamos m\u00e1s bien ante un Estado quebrado en el que el sector p\u00fablico ya no puede tirar de la econom\u00eda, y con el agravante de un sector privado poco din\u00e1mico. El periodo anterior represent\u00f3 la mayor bonanza de la historia, lo que dej\u00f3 una estructura de gasto insostenible a cuyos intentos de ajuste reaccion\u00f3 la sociedad. <\/p>\n\n\n\n<p>En los dos casos, una condenable represi\u00f3n fue la primera respuesta a las demandas sociales; pero, a diferencia de Ecuador, que tiene actores pol\u00edticos y un Gobierno d\u00e9bil poco operativo, Chile ha sacado a relucir esa fortaleza institucional (en su momento, fue poco permeable a las demandas sociales) a trav\u00e9s de una convocatoria por parte del Gobierno y los partidos a un proceso que haga replantearse el modelo econ\u00f3mico, pol\u00edtico y social heredado de la dictadura.<em> <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Fotos de Carlos Caicedo en Trend Hype \/ CC BY-NC-SA<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Am\u00e9rica Latina da la raz\u00f3n, una vez m\u00e1s, a Sidney Tarrow en que hay ciclos de acci\u00f3n colectiva, es decir, una especie de efecto contagio entre los pa\u00edses y sus per\u00edodos de conflictividad. 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