{"id":3165,"date":"2020-12-19T06:12:14","date_gmt":"2020-12-19T09:12:14","guid":{"rendered":"http:\/\/latinoamerica21.com\/?p=3165"},"modified":"2023-10-25T07:30:45","modified_gmt":"2023-10-25T10:30:45","slug":"las-multiples-guerras-de-colombia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/las-multiples-guerras-de-colombia\/","title":{"rendered":"Las m\u00faltiples guerras de Colombia"},"content":{"rendered":"\n<p>Se acaban de cumplir cuatro a\u00f1os del Acuerdo de Paz que fue suscrito entre la guerrilla de las FARC-EP y el Gobierno colombiano. Un acuerdo que se firmaba, no sin dificultades, tras cuatro a\u00f1os de di\u00e1logo en La Habana, un d\u00eda antes de la muerte de Fidel Castro, y a modo de corolario de un largo siglo XX. Con esto se desdijo a Eric Hobsbawm. El conflicto de Colombia, aparte de ser el m\u00e1s longevo de Am\u00e9rica Latina, es, a su vez, el \u00faltimo remanente de la experiencia guerrillera que, desde mediados del siglo pasado, tuvo lugar en el continente.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>La firma de un acuerdo de paz no supone una reducci\u00f3n <em>per se<\/em> de los niveles de violencia\u00bb<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>La firma de un acuerdo de paz no supone una reducci\u00f3n <em>per se<\/em> de los niveles de violencia. Centroam\u00e9rica o el mismo pa\u00eds cafetero nos invitan, con sus realidades violentas, a una reflexi\u00f3n. Un acuerdo tampoco supone necesariamente, como nos muestra la reconocida polit\u00f3loga Pippa Norris, un avance positivo en la calidad de la democracia. Asimismo, por lo general, en los a\u00f1os posteriores a una <a href=\"https:\/\/latinoamerica21.com\/podcast\/defensa-y-seguridad-colectiva-en-america-latina\/\">confrontaci\u00f3n<\/a> armada no termina por llegar el conocido dividendo de la paz, por el cual, los gastos por un conflicto, al desaparecer este, permiten la reinversi\u00f3n del gasto p\u00fablico en otros \u00e1mbitos y necesidades de la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo lo contrario, los gastos en seguridad y defensa se mantienen estables \u2014como sucede en Colombia\u2014 y los procesos de reincorporaci\u00f3n a la vida civil no son nunca plenos, ni mucho menos est\u00e1n carentes de disidencias o nuevas movilizaciones hacia la violencia. Al respecto, las experiencias recientes nos hablan de lo natural que es la conformaci\u00f3n de disidencias o nuevas estructuras criminales, al menos, entre un 8% y un 14% sobre el total de viejos integrantes de una estructura armada.<\/p>\n\n\n\n<p>Un acuerdo de paz es solo el principio de un proceso de transformaci\u00f3n estructural, territorial e institucional de un escenario otrora violento, y que casi siempre es tan imperfecto como complejo. En el caso de Colombia, no hay excepciones, y es necesario partir de estas ideas, aun cuando el acuerdo suscrito con las FARC-EP bien puede ser el m\u00e1s ambicioso y completo de las \u00faltimas d\u00e9cadas. Eso s\u00ed, con la \u00fanica y extraordinaria excepci\u00f3n de que es el Gobierno, a diferencia de cualquier otra experiencia comparable, el principal saboteador y el mayor responsable de los incumplimientos, hasta el momento, advertidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sea como fuere, la <a href=\"https:\/\/news.un.org\/es\/story\/2020\/12\/1485602\">violencia<\/a> por el conflicto armado interno y las fuentes de financiaci\u00f3n il\u00edcitas de este \u2014narcotr\u00e1fico, miner\u00eda ilegal, extorsi\u00f3n, etc.\u2014 hoy en d\u00eda es sustancialmente superior a la de los \u00faltimos ocho a\u00f1os. Aunque el pa\u00eds presenta una tasa de muertes violentas por cada 100.000 habitantes que es inferior a los 25 homicidios, y que representa el mejor registro de los \u00faltimos 25 a\u00f1os, igualmente este dato se duplica de manera amplia en aquellos escenarios que tienen una mayor violencia por el conflicto.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, desde la firma del acuerdo en Colombia no solo han sido asesinados m\u00e1s de 700 l\u00edderes sociales y 250 exguerrilleros de las FARC-EP, sino que la vieja geograf\u00eda de la violencia, mayormente perif\u00e9rica, se ha intensificado, producto de un incremento de la disputa territorial de los criminales. Entre otros, el Ej\u00e9rcito de Liberaci\u00f3n Nacional, las mal denominadas disidencias de las FARC-EP \u2014pues, mayormente est\u00e1n conformadas por nuevas reclusiones\u2014 o los grupos criminales de Los Pelusos o el Clan del Golfo protagonizan una disputa por la hegemon\u00eda en la que hay decenas de estructuras armadas y un total de miembros en liza que superan las 7.000 personas.<\/p>\n\n\n\n<p>El desarme de las FARC-EP, la falta de ocupaci\u00f3n del territorio por parte de las Fuerzas Militares \u2014en un pa\u00eds, tradicionalmente, con m\u00e1s territorio que soberan\u00eda\u2014 y una ingente disposici\u00f3n de recursos il\u00edcitos \u2014como las m\u00e1s de 150.000 hect\u00e1reas cultivadas de coca\u2014 han alimentado una geometr\u00eda variable de la violencia. Esto, en un espacio donde las alianzas y las confrontaciones entre todos estos criminales ha quedado subsumida en una l\u00f3gica cambiante y oportunista, y en continua transformaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, es posible identificar una treintena de grupos armados que se consideran continuadores, de un modo u otro, de las extintas FARC-EP. Si bien esta guerrilla ten\u00eda una presencia que superaba los 240 municipios a finales de 2012, la actual continuidad de la violencia ya se contabiliza, seg\u00fan la Fundaci\u00f3n Ideas para la Paz, en al menos la mitad de estos municipios.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos frentes hist\u00f3ricos, como el Frente 1 o el 7, desde los primeros compases de la aplicaci\u00f3n del acuerdo, se desmarcaron del proceso y enarbolaron el continuismo de la extinta guerrilla, pues estaban disconformes con los intercambios y las concesiones que hab\u00edan sido suscritos con el Gobierno. De este modo, es la manera como destacan los grupos comandados por Gentil Duarte o Iv\u00e1n Mordisco.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a estos, los nombres de los dos principales comandantes de las FARC-EP al frente del di\u00e1logo de paz de La Habana, Iv\u00e1n M\u00e1rquez y Jes\u00fas Santrich, conforman la estructura criminal Segunda Marquetalia. Esta se erige como continuadora de las FARC-EP, una vez que estos abandonan el proceso de reincorporaci\u00f3n a la vida civil en agosto de 2019.<\/p>\n\n\n\n<p>En un principio, los l\u00edderes presupon\u00edan que el paso natural de reorganizaci\u00f3n armada deber\u00eda llevar a un proceso de convergencia, al menos, con las estructuras de Gentil Duarte o Iv\u00e1n Mordisco, m\u00e1s pr\u00f3ximas a la esencia guerrillera. Algo nada m\u00e1s alejado de una realidad caracterizada por el enfrentamiento por el control del territorio y de los recursos, especialmente, en el oriente colombiano. All\u00ed concurren todos estos grupos, adem\u00e1s de otros no menos importantes, con mayor arraigo en el nororiente (Arauca y Norte de Santander), tal y como sucede con Los Pelusos y, principalmente, con el ELN que tiene cerca de 4.000 miembros.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, en la regi\u00f3n Caribe, de Colombia, predomina la concurrencia de grupos posparamilitares, entre los que se destaca el Clan del Golfo, con 1.800 integrantes, y al que hay que sumar el reparto y la confrontaci\u00f3n con estructuras del ELN y otras disidencias de las FARC-EP, con especial arraigo en el litoral Pac\u00edfico \u2014Choc\u00f3, Cauca, Valle del Cauca y Nari\u00f1o\u2014 o en los departamentos del sur del pa\u00eds, como Caquet\u00e1 o Putumayo.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed, las estructuras armadas herederas o continuadoras de las FARC-EP act\u00faan con un rasgo m\u00e1s flexible y clientelar, sujetos a la correlaci\u00f3n de fuerzas y las particularidades del entorno local. Aunque las estructuras de Duarte y Mordisco trataron de coordinar buena parte de los grupos criminales de la regi\u00f3n Pac\u00edfico, no tuvieron \u00e9xito en su intento. Todo lo contrario. El resultado ha sido una guerra de todos contra todos, en parte, por el car\u00e1cter aut\u00f3nomo de algunas de las estructuras m\u00e1s poderosas, como el redefinido frente \u00d3liver Sinisterra.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>Un conflicto mucho m\u00e1s fracturado, complejo y cambiante que el existente cuando operaban las FARC-EP\u00bb<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>El resultado de todo lo anterior, por ende, es un conflicto mucho m\u00e1s fracturado, complejo y cambiante que el existente cuando operaban las FARC-EP en Colombia. Con el objetivo de la hegemon\u00eda local, acontecen tres enclaves que hoy en d\u00eda resultan especialmente violentos. Primero, el sur del Cauca, que se disputan ELN y el Frente Carlos Pati\u00f1o; despu\u00e9s, el sur de Putumayo, que enfrenta a una estructura de Duarte con el grupo Mafia Sinaloa; y, finalmente, Nari\u00f1o, en donde hay m\u00e1s de diez grupos armados que est\u00e1n enfrentados entre s\u00ed. En los tres, el factor com\u00fan es, adem\u00e1s, la ausencia del Estado. Y ello, por no tomar en consideraci\u00f3n otros complejos como el Catatumbo \u2014en Norte de Santander\u2014 o Choc\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>En conclusi\u00f3n, nos encontramos ante m\u00faltiples guerras en el plano local que encabezan y desdibujan una violencia cada vez m\u00e1s dif\u00edcil de caracterizar, aunque con un inalterado patr\u00f3n explicativo, que ha resultado irresoluto con el paso de los a\u00f1os. Toda esta violencia sigue aconteciendo en la Colombia olvidada, perif\u00e9rica y cocalera, en donde el Acuerdo de Paz y cualquier atisbo de aplicaci\u00f3n siguen siendo hoy una mera quimera.<\/p>\n\n\n\n<p><em><sub>Foto por Globovisi\u00f3n en Foter.com \/ CC BY-NC<\/sub><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nos encontramos ante m\u00faltiples guerras que encabezan y desdibujan una violencia cada vez m\u00e1s dif\u00edcil de caracterizar. 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