{"id":4272,"date":"2021-03-13T10:00:00","date_gmt":"2021-03-13T13:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/latinoamerica21.com\/?p=4272"},"modified":"2021-03-25T12:13:01","modified_gmt":"2021-03-25T15:13:01","slug":"no-hubo-falsos-positivos-hubo-terrorismo-de-estado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/no-hubo-falsos-positivos-hubo-terrorismo-de-estado\/","title":{"rendered":"No hubo falsos positivos, hubo terrorismo de Estado"},"content":{"rendered":"\n<p>\u201cSi miramos a la izquierda, vemos a los insurgentes. Si miramos a la derecha, vemos a los paramilitares. Si levantamos la vista al cielo para rogar a Dios, vemos los helic\u00f3pteros del Gobierno\u201d. Tan lapidaria como dram\u00e1tica, esta frase se recog\u00eda en uno de los informes del Secretario General de Naciones Unidas, publicado hace catorce a\u00f1os, sobre los derechos humanos de los desplazados internos. Era en pleno auge de la popularidad de \u00c1lvaro Uribe V\u00e9lez, en 2006, reci\u00e9n reelegido presidente en Colombia con una mayor\u00eda abrumadora. Su popularidad era absoluta. Gracias a su proximidad con el c\u00f3digo geopol\u00edtico estadounidense y su cercan\u00eda con George W. Bush redefini\u00f3 un Plan Colombia que, con m\u00e1s de 10.000 millones de d\u00f3lares transformar\u00eda y modernizar\u00eda como nunca las capacidades operativas de la fuerza p\u00fablica colombiana. Durante ese per\u00edodo, fueron asesinados a mano de agentes del Estado y miembros de la Fuerza P\u00fablica, 6.402 civiles inocentes que fueron presentados ante la opini\u00f3n p\u00fablica como falsos exguerrilleros.<\/p>\n\n\n\n<p>Por aquellos a\u00f1os, el ciclo expansivo de la econom\u00eda colombiana, tras a\u00f1os de crisis, era acompa\u00f1aba de un rechazo mayoritario a las guerrillas, especialmente a las FARC-EP, tras el <a href=\"https:\/\/razonpublica.com\/el-sindrome-de-el-caguan-lecciones-de-un-fracaso\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">fracaso estrepitoso del proceso de di\u00e1logo del Cagu\u00e1n<\/a>, desarrollado bajo la presidencia de Andr\u00e9s Pastrana, entre 1999 y 2002. Uribe, conocedor del particular contexto pol\u00edtico y social que heredaba, lo tuvo claro desde el principio. Como me coment\u00f3 una vez en una entrevista en 2015, el problema de Colombia no era el conflicto armado o las guerrillas, pues \u00e9stas solo surgen en contextos de dictaduras. Colombia era una democracia formal y, por ende, su problema era el narcoterrorismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta transformaci\u00f3n discursiva, al albor de la afectaci\u00f3n en el orden geopol\u00edtico que supusieron los atentados del 11 de septiembre de 2001, en realidad, era mucho m\u00e1s que un artificio sem\u00e1ntico. Era <a href=\"http:\/\/latinoamerica21.com\/es\/las-multiples-guerras-de-colombia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">negar la dimensi\u00f3n estructural de la violencia<\/a> y, por extensi\u00f3n, la corresponsabilidad del Estado en la misma. Asimismo, era desproveer de cualquier atisbo de reconocimiento al conflicto armado y, por tanto, negar su significado pol\u00edtico. Ante esta tesitura, como es de esperar, no s\u00f3lo se obviaba cualquier posibilidad formal de negociaci\u00f3n, sino que la aspiraci\u00f3n m\u00e1xima del Estado deb\u00eda ser la derrota sin paliativos de las guerrillas.<\/p>\n\n\n\n<p>A tal efecto, el fin justificaba los medios. Nada mejor que militarizar la vida cotidiana. Evitar cualquier atisbo cr\u00edtico, en tanto que todo cuestionamiento a la Pol\u00edtica de Seguridad Democr\u00e1tica era susceptible de ser considerado como colaboracionismo en favor de la guerrilla. Este fervor patrio cuyo \u00e9xtasis era la derrota militar de quienes hab\u00edan sido concebidos como enemigos del Estado desde hac\u00eda d\u00e9cadas se logr\u00f3 instaurar en casi todos los extremos de la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Los medios de comunicaci\u00f3n afines al uribismo intentaban abrir sus espacios informando de nuevos golpes a las guerrillas y evocando una imagen casi mesi\u00e1nica de Uribe. La poblaci\u00f3n civil, a trav\u00e9s de diferentes programas gubernamentales, fueron incorporados al proceso de lucha contra las guerrillas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al interior de las Fuerzas Militares hubo distintos batallones y estructuras que no dudaron en coaligarse contra el paramilitarismo, en tanto que compart\u00edan al enemigo com\u00fan: las guerrillas de las FARC-EP y el ELN. Incluso, a partir de la directiva 029 de 2005 promulgada por el entonces ministro de Defensa, Camilo Ospina, se llegaron a reconocer remuneraciones y retribuciones por la consecuci\u00f3n de bajas al interior de los grupos armados.<\/p>\n\n\n\n<p>En conclusi\u00f3n, todo lo anterior, sumado a una cooptaci\u00f3n de buena parte del poder judicial y una criminalizaci\u00f3n de las posiciones cr\u00edticas de la ciudadan\u00eda, tan marginales como escasamente protegidas, serv\u00eda de tesitura \u00f3ptima para materializar una pol\u00edtica de seguridad que, lejos de ser democr\u00e1tica, se sirvi\u00f3 del terror, patrimonializ\u00f3 sus instituciones, y oper\u00f3 bajo una peligrosa m\u00e1xima simplista: primero la seguridad, despu\u00e9s, llegado el caso, el resto de derechos.<\/p>\n\n\n\n<p>Si ello justificaba alianzas con grupos paramilitares, hacer uso de un aparato de inteligencia, como era el Departamento Administrativo de Seguridad, para realizar escuchas ilegales y obtener pruebas para presionar las voces cr\u00edticas de periodistas o magistrados, cualquier cosa val\u00eda. Mientras, se comet\u00edan, al menos 6.402 asesinatos de civiles inocentes que, gracias a la labor de la Jurisdicci\u00f3n Especial para la Paz (JEP), hemos sabido que fueron perpetrados por agentes del Estado y miembros de la Fuerza P\u00fablica y presentados ante la opini\u00f3n p\u00fablica como falsos exguerrilleros.<\/p>\n\n\n\n<p>El car\u00e1cter violento, impune, deliberado, en nombre de la institucionalidad, sistem\u00e1tico y amparado bajo una naturaleza extorsiva que desnaturaliza la esencia del Estado de Derecho tiene una definici\u00f3n tan ilustrativa como incontestable: terrorismo de estado. La mayor\u00eda de los 6.402 asesinatos que en estos d\u00edas han sido revelados se cometieron bajo la presidencia de \u00c1lvaro Uribe, y casi triplican las cifras oficiales de asesinatos extrajudiciales que, hasta ahora, hab\u00eda conseguido, no sin dificultades, investigar la Fiscal\u00eda General de la Naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto obliga a un tratamiento jur\u00eddico diferente, desde la sistematicidad y la responsabilidad de mando, para el cual no vale la vieja idea de \u201cpeque\u00f1as manzanas podridas\u201d, que, como hasta ahora, mayormente, es como se hab\u00eda tratado de despachar tan grave asunto.<\/p>\n\n\n\n<p>Es momento de seguir avanzando en el esclarecimiento de la responsabilidad, la trazabilidad de las decisiones y la imputaci\u00f3n de los perpetradores. Tal vez, por todo lo anterior es que \u00c1lvaro Uribe \u2013una suerte de Fujimori colombiano- y el actual presidente, Iv\u00e1n Duque, como buenos saboteadores del Acuerdo de Paz suscrito con las FARC-EP, siempre se han mostrado contrarios a respaldar cualquier instituci\u00f3n que, como la JEP o la Comisi\u00f3n de la Verdad, tenga como cometido saber qu\u00e9 sucedi\u00f3 verdaderamente, durante los a\u00f1os m\u00e1s duros del conflicto armado en Colombia<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante la presidencia de \u00c1lvaro Uribe fueron asesinados a mano de agentes del Estado 6.402 civiles inocentes que fueron presentados ante la opini\u00f3n p\u00fablica como guerrilleros. 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