{"id":47306,"date":"2025-03-16T06:00:00","date_gmt":"2025-03-16T09:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/latinoamerica21.com\/?p=47306"},"modified":"2025-03-16T07:09:07","modified_gmt":"2025-03-16T10:09:07","slug":"huntington-tenia-razon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/huntington-tenia-razon\/","title":{"rendered":"\u00bfHuntington ten\u00eda raz\u00f3n?"},"content":{"rendered":"\n<p>\u201c<em>La idea de un &#8216;choque de civilizaciones&#8217; global no era err\u00f3nea: simplemente era prematura\u201d<\/em>, sostiene Nils Gilman en el \u00faltimo n\u00famero de la revista estadounidense<em> Foreign Policy<\/em>. El contexto: nos encontramos ante un reordenamiento de las relaciones internacionales<strong> tan significativo como el de 1989, 1945 o 1919.<\/strong> Como ocurriera con estos momentos cruciales anteriores, el fin del orden internacional liberal que se form\u00f3 en la d\u00e9cada de 1990 es un momento cargado en igual medida de incertidumbres y temores, a medida que viejas certezas, tanto buenas como malas, se difuminan.<\/p>\n\n\n\n<p>Precisamente en aquellos a\u00f1os &#8217;90, uno de los debates m\u00e1s destacados en las relaciones internacionales fue entre el ensayo El fin de la historia de Francis Fukuyama (que apareci\u00f3, prof\u00e9ticamente, meses antes de la ca\u00edda del Muro) y el Choque de civilizaciones, de Samuel Huntington, publicado cuatro a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras el internacionalista liberal Fukuyama anticipaba que el fin de la Guerra Fr\u00eda presagiaba una paz perpetua entre Estados alineados con los principios generales de la democracia electoral y el capitalismo -lo que Fukuyama llam\u00f3 \u201cla forma final de gobierno humano\u201d-, el realista Huntington preve\u00eda en cambio un mundo marcado por un conflicto continuo, aunque a lo largo de ejes completamente diferentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Huntington, los actores geopol\u00edticos m\u00e1s relevantes en el orden posterior a la Guerra Fr\u00eda ser\u00edan \u201ccivilizaciones\u201d, entendidas en los t\u00e9rminos definidos por el historiador brit\u00e1nico Arnold Toynbee, y las \u201cl\u00edneas de falla\u201d entre ellas ser\u00edan los lugares de ruptura o punto de fricci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Huntington -que no disimulaba su etnocentrismo anglosaj\u00f3n- enumeraba entre siete y ocho \u201ccivilizaciones\u201d principales: la occidental, la confuciana, japonesa, isl\u00e1mica, hind\u00fa, eslava-ortodoxa, latinoamericana y -posiblemente- africana. Los conflictos m\u00e1s importantes del futuro -aventuraba- ocurrir\u00edan a lo largo de las fallas culturales que separar\u00edan a estas \u00abcivilizaciones\u00bb entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>La visi\u00f3n de Huntington del nuevo orden era decididamente m\u00e1s pesimista que la de Fukuyama, aunque ambos no eran concluyentes. Fukuyama terminaba su ensayo con el famoso argumento de que el precio de \u201cla paz perpetua\u201d ser\u00eda el tedio tecnocr\u00e1tico, en el que \u201cla audacia, el coraje, la imaginaci\u00f3n y el idealismo\u201d de la lucha ideol\u00f3gica dar\u00edan paso \u201cal mero c\u00e1lculo econ\u00f3mico, la resoluci\u00f3n interminable de problemas t\u00e9cnicos, preocupaciones ambientales y la satisfacci\u00f3n de demandas sofisticadas de los consumidores\u201d. Para Fukuyama, los pr\u00f3ximos \u201csiglos de aburrimiento\u201d crear\u00edan una crisis existencial para las personas que buscan reconocimiento social en un mundo desprovisto de oportunidades de gloria pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el contrario, Huntington argumentaba que las identidades de grupo, basadas en distinciones culturales antag\u00f3nicas se volver\u00edan m\u00e1s obvias a medida que las ideolog\u00edas universalizadoras de la Guerra Fr\u00eda disminuyeran. En su libro de 1996 \u201cChoque de civilizaciones\u201d, que ampli\u00f3 el argumento de su art\u00edculo original, previ\u00f3 un equilibrio inestable, basado en potencias centrales que impondr\u00edan su dominio sobre sus propias \u201cesferas de influencia\u201d. All\u00ed tambi\u00e9n anticipaba que la hostilidad hacia los inmigrantes ser\u00eda un rasgo caracter\u00edstico de la pol\u00edtica interna en un orden mundial definido por el choque de civilizaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, para Huntington, por un lado, los choques de civilizaciones eran \u201cla mayor amenaza a la paz mundial\u201d en el sentido de que el \u00e9nfasis en la ineludible diferencia cultural formar\u00eda el sustrato de una hostilidad interminable. Por otro lado, mientras los actores principales reconocieran la imposibilidad de intentar imponer su propio sistema cultural a civilizaciones \u201cextra\u00f1as\u201d, \u201cun orden internacional basado en civilizaciones (ser\u00eda) la salvaguardia m\u00e1s segura contra la guerra mundial\u201d. La hostilidad cultural entre civilizaciones puede ser inevitable, conclu\u00eda Huntington, pero con buena suerte, el \u201cchoque\u201d puede consistir simplemente en un ruido met\u00e1lico, en lugar de un conflicto violento.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el argumento contiene un supuesto controvertido, el de asociar civilizaciones con espacios geogr\u00e1ficos distintivos y fronteras geopol\u00edticas establecidas: aqu\u00ed \u201cnosotros, los occidentales\u201d, all\u00ed \u201cellos, los musulmanes\u201d; aqu\u00ed nosotros, \u201clos latinoamericanos\u201d, all\u00e1 ellos, \u00ablos africanos\u00bb. Si hace treinta a\u00f1os esta forma de categorizar resultaba discutible, ahora, es decididamente caprichosa y arbitraria. La globalizaci\u00f3n ha liberado al Genio de la l\u00e1mpara, y pretender meterlo adentro a la fuerza puede significar mayores grietas, fisuras y barreras dentro mismo de las sociedades. Las civilizaciones contempor\u00e1neas, empezando por la occidental, son multiculturales por naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras el viejo orden agoniza, la cuesti\u00f3n central que preocupa hoy a las relaciones internacionales es la naturaleza del tipo de orden por venir. Est\u00e1 claro que no hay \u201cfin de la historia\u201d y tampoco est\u00e1 escrito que ella est\u00e9 marcada por el \u201cchoque de civilizaciones\u201d. Concluye, al respecto, <a href=\"https:\/\/www.noemamag.com\/author\/nils-gilman\/\">Gilman<\/a>: \u201cCualquiera que sea la etiqueta que finalmente se le asigne a este nuevo orden, sus caracter\u00edsticas definitorias incluir\u00e1n el transaccionalismo de suma cero en la econom\u00eda internacional, la pol\u00edtica de poder de Tuc\u00eddides en la que &#8216;los fuertes hacen lo que pueden y los d\u00e9biles sufren lo que deben\u00b4&#8217; y afirmaciones contundentes de pol\u00edticas identitarias centradas en los \u201cEstados civilizacionales\u201d. En t\u00e9rminos del <a href=\"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/es-trump-una-nueva-fortaleza-de-china\/\">augurio -o maldici\u00f3n- china<\/a>: sin dudas, viviremos \u201ctiempos interesantes\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p><sub><em>*Texto publicado originalmente en el peri\u00f3dico Clar\u00edn<\/em><\/sub><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mientras el viejo orden agoniza, la cuesti\u00f3n central que preocupa hoy a las relaciones internacionales es la naturaleza del tipo de orden por venir. 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