{"id":55106,"date":"2026-02-12T15:00:00","date_gmt":"2026-02-12T18:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/latinoamerica21.com\/?p=55106"},"modified":"2026-02-12T08:32:10","modified_gmt":"2026-02-12T11:32:10","slug":"los-obstaculos-de-la-agenda-regional-de-cuidados-desde-una-mirada-feminista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/los-obstaculos-de-la-agenda-regional-de-cuidados-desde-una-mirada-feminista\/","title":{"rendered":"Los obst\u00e1culos de la agenda regional de cuidados desde una mirada feminista"},"content":{"rendered":"\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os, la agenda de cuidados ha dejado de ser una demanda sectorial del movimiento feminista para convertirse en uno de los debates pol\u00edticos m\u00e1s relevantes de Am\u00e9rica Latina, en respuesta a las profundas desigualdades que atraviesan la Regi\u00f3n. Sin embargo, su avance concreto sigue siendo limitado y lento.<\/p>\n\n\n\n<p>Pa\u00edses como Uruguay, con su Sistema Nacional Integrado de Cuidados, mostraron que es posible construir institucionalidad espec\u00edfica, ampliar servicios y reconocer derechos. En Argentina, Chile, Panam\u00e1, Colombia y M\u00e9xico, los debates sobre sistemas de cuidados, planes nacionales y reformas legales evidencian un cambio cultural y pol\u00edtico significativo que nos da esperanzas. Asimismo, los consensos regionales impulsados desde la CEPAL y otros espacios multilaterales han contribuido a consolidar un marco com\u00fan que reconoce el cuidado como un pilar del desarrollo sostenible.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/dona.latinoamerica21.com\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"190\" src=\"https:\/\/latinoamerica21.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/L21-Banner-2-1-1024x190.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-51423\" srcset=\"https:\/\/latinoamerica21.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/L21-Banner-2-1-1024x190.png 1024w, https:\/\/latinoamerica21.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/L21-Banner-2-1-300x56.png 300w, https:\/\/latinoamerica21.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/L21-Banner-2-1-768x142.png 768w, https:\/\/latinoamerica21.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/L21-Banner-2-1-1536x284.png 1536w, https:\/\/latinoamerica21.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/L21-Banner-2-1-2048x379.png 2048w, https:\/\/latinoamerica21.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/L21-Banner-2-1-150x28.png 150w, https:\/\/latinoamerica21.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/L21-Banner-2-1-696x129.png 696w, https:\/\/latinoamerica21.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/L21-Banner-2-1-1068x198.png 1068w, https:\/\/latinoamerica21.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/L21-Banner-2-1-1920x356.png 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p>Sin embargo, estos avances conviven con fuertes asimetr\u00edas, ya que la cobertura sigue siendo limitada, la calidad de los servicios desigual y la sostenibilidad financieramente fr\u00e1gil. El riesgo es que la agenda de cuidados quede atrapada en declaraciones progresistas sin capacidad real de transformar la vida cotidiana de millones de personas.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde una mirada feminista, los obst\u00e1culos que enfrenta esta agenda no son fallas de dise\u00f1o ni problemas de implementaci\u00f3n aislados. Antes bien, son el reflejo de un modelo econ\u00f3mico, social y cultural que se sostiene sobre la explotaci\u00f3n invisible del trabajo de cuidados, realizado mayoritariamente y casi en exclusivo, por mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>Analizar estos obst\u00e1culos es clave para entender por qu\u00e9 el cuidado, aun siendo indispensable para la sostenibilidad de la vida y de la econom\u00eda, contin\u00faa ocupando un lugar marginal en las prioridades pol\u00edticas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El obst\u00e1culo fiscal<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los principales l\u00edmites para el desarrollo de sistemas integrales de cuidados es la persistente restricci\u00f3n fiscal. En Am\u00e9rica Latina, los debates presupuestarios suelen presentar el cuidado como un gasto prescindible, especialmente en contextos de crisis econ\u00f3mica o ajuste. Esta mirada ignora que el cuidado ya se financia, pero de manera desigual.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, cuando el Estado no invierte, el costo se traslada directamente a los hogares y, dentro de ellos, a las mujeres. Como advierte Oxfam en el informe<a href=\"https:\/\/www.oxfam.org\/es\/informes\/tiempo-para-el-cuidado\"> <em>Tiempo para el cuidado<\/em><\/a> (2020), esta combinaci\u00f3n de desigualdad extrema y sistemas tributarios regresivos limita estructuralmente la capacidad del Estado para garantizar el derecho al cuidado.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El obst\u00e1culo institucional<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Otro freno estructural es la fragmentaci\u00f3n institucional de las pol\u00edticas de cuidado. En muchos pa\u00edses de la regi\u00f3n, estas pol\u00edticas se encuentran dispersas entre distintos ministerios, programas y niveles de gobierno, sin una autoridad rectora clara ni una estrategia integral. Esta fragmentaci\u00f3n debilita la capacidad del Estado para garantizar el derecho al cuidado y genera fuertes desigualdades territoriales. Sin institucionalidad s\u00f3lida, la agenda de cuidados corre el riesgo de reproducir las mismas desigualdades que busca combatir.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El obst\u00e1culo cultural<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los obst\u00e1culos m\u00e1s persistentes es el orden cultural patriarcal que naturaliza el cuidado como una responsabilidad femenina. Informes de Oxfam muestran que las mujeres realizan m\u00e1s del 75% del trabajo de cuidados no remunerado y dos tercios del trabajo remunerado de cuidados, y que esta carga limita su acceso al empleo y al bienestar.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta idea, profundamente arraigada, sigue organizando tanto las expectativas sociales como las decisiones pol\u00edticas. El cuidado se presenta como una extensi\u00f3n \u201cnatural\u201d del rol de las mujeres y no como un trabajo socialmente necesario que debe ser reconocido, redistribuido y valorado. Esta naturalizaci\u00f3n tiene consecuencias materiales: limita la autonom\u00eda econ\u00f3mica de las mujeres, condiciona su participaci\u00f3n en el mercado laboral y refuerza ciclos de pobreza y dependencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras el cuidado siga siendo visto como un asunto privado y femenino, la corresponsabilidad social y de g\u00e9nero (un pilar central de la agenda regional) seguir\u00e1 siendo m\u00e1s un discurso que una realidad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El obst\u00e1culo laboral<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En las ocasiones en que el cuidado se remunera, lo hace mayoritariamente en condiciones precarias. El trabajo de cuidados remunerado en hogares, centros comunitarios o instituciones est\u00e1 marcado por bajos salarios, informalidad, escasa protecci\u00f3n social y d\u00e9bil reconocimiento profesional. Esta precarizaci\u00f3n afecta sobre todo a mujeres pobres, migrantes y racializadas, reproduciendo desigualdades dentro del propio sector.<\/p>\n\n\n\n<p>Este no es un problema secundario. Sin condiciones de trabajo decente, la expansi\u00f3n de servicios de cuidado se convierte en un nuevo nicho de explotaci\u00f3n. La agenda de cuidados solo ser\u00e1 transformadora si incluye derechos laborales, formaci\u00f3n, estabilidad y protecci\u00f3n social para quienes cuidan.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El obst\u00e1culo pol\u00edtico<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, la agenda regional de cuidados enfrenta como obst\u00e1culo pol\u00edtico central, la falta de voluntad pol\u00edtica sostenida y las resistencias conservadoras. Aunque el cuidado aparece en algunos discursos oficiales y compromisos internacionales, suele perder prioridad frente a agendas consideradas m\u00e1s productivas o estrat\u00e9gicas. En contextos de avance de fuerzas neoconservadoras y antifeministas como el que estamos viviendo en la actualidad, el cuidado es incluso deslegitimado como una demanda ideol\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta falta de voluntad se traduce en presupuestos insuficientes, institucionalidad d\u00e9bil y ausencia de liderazgo pol\u00edtico. Sin una disputa expl\u00edcita por el sentido del cuidado como derecho y como infraestructura social, la agenda corre el riesgo de quedar atrapada en declaraciones simb\u00f3licas sin capacidad real de transformaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El cuidado como disputa feminista por la igualdad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La Agenda Regional de Cuidados propone reconocer el cuidado como un derecho humano (el derecho a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado) y como una responsabilidad social compartida. Esto implica romper con la idea de que el cuidado es una obligaci\u00f3n privada, femenina y gratuita, confinada a los hogares y sostenida mayoritariamente por mujeres, especialmente aquellas en situaci\u00f3n de pobreza, racializadas y migrantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Los obst\u00e1culos que enfrenta la agenda regional de cuidados no son accidentales. Todos los aqu\u00ed descritos expresan un modelo que sigue descansando en la desigual distribuci\u00f3n del tiempo, del trabajo y del poder. Desde una mirada feminista, avanzar en esta agenda implica mucho m\u00e1s que crear nuevos servicios, supone cuestionar las prioridades econ\u00f3micas, redistribuir recursos, transformar normas culturales y disputar poder.Colocar el cuidado en el centro no es una concesi\u00f3n ni un lujo en tiempos de crisis. Es una condici\u00f3n necesaria para construir sociedades m\u00e1s igualitarias, democr\u00e1ticas y sostenibles<strong>. <\/strong>Por ello,<strong> <\/strong>la agenda de cuidados es, en esencia, una disputa feminista por la vida y enfrentar sus obst\u00e1culos es parte fundamental de la lucha contra las desigualdades estructurales en Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La agenda de cuidados gana espacio en el discurso regional, pero choca contra un modelo que sigue sosteni\u00e9ndose en el trabajo invisible y precarizado de las mujeres.<\/p>\n","protected":false},"author":626,"featured_media":55107,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"episode_type":"","audio_file":"","cover_image":"","cover_image_id":"","duration":"","filesize":"","filesize_raw":"","date_recorded":"","explicit":"","block":"","itunes_episode_number":"","itunes_title":"","itunes_season_number":"","itunes_episode_type":"","footnotes":""},"categories":[16476,16526],"tags":[14126],"gps":[],"class_list":{"0":"post-55106","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-desigualdad-es","8":"category-genero","9":"tag-debates-br-es"},"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55106","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/626"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=55106"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55106\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/55107"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=55106"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=55106"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=55106"},{"taxonomy":"gps","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/gps?post=55106"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}