{"id":5901,"date":"2021-06-04T08:45:00","date_gmt":"2021-06-04T11:45:00","guid":{"rendered":"http:\/\/latinoamerica21.com\/?p=5901"},"modified":"2021-06-10T19:34:58","modified_gmt":"2021-06-10T22:34:58","slug":"un-punto-de-inflexion-para-la-democracia-colombiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/un-punto-de-inflexion-para-la-democracia-colombiana\/","title":{"rendered":"Un punto de inflexi\u00f3n para la democracia colombiana"},"content":{"rendered":"\n<p>El estallido social que acontece en Colombia desde hace m\u00e1s de un mes se inscribe en un momento de cambio de ciclo pol\u00edtico que comienza con la firma del Acuerdo de Paz con las FARC-EP en noviembre de 2016. Y no porque este tipo de protestas y su significado pol\u00edtico tengan algo que ver directamente con lo comprometido a la guerrilla. M\u00e1s bien, porque su desmovilizaci\u00f3n abre una ventana de oportunidad, por un lado, para la protesta social y, por otro, para la izquierda en general.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La interlocuci\u00f3n social fue patrimonializada por la guerrilla<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Acogiendo las tesis del reconocido soci\u00f3logo franc\u00e9s Daniel P\u00e9caut, en Colombia, durante d\u00e9cadas, en gran medida la interlocuci\u00f3n social con el Gobierno fue <em>patrimonializada<\/em> por la guerrilla. Esto cercenaba las posibilidades de la movilizaci\u00f3n social por fuera de la agenda del conflicto armado. Es decir, sin guerrilla de por medio, buena parte de las reivindicaciones, irresolutas y desatendidas durante d\u00e9cadas, encuentran un escenario diferente de problematizaci\u00f3n, visibilidad y politizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>De otra parte, igualmente durante d\u00e9cadas, el andamiaje pol\u00edtico-partidista mayormente gravit\u00f3 en torno al eje seguridad\/paz. Como es de esperar, y m\u00e1s all\u00e1 de las dificultades que lastran la implementaci\u00f3n del Acuerdo de Paz, lo anterior libera un espacio de disputa pol\u00edtica muy diferente. Es decir, aspectos tales como educaci\u00f3n, salud, vivienda o condiciones laborales, durante mucho tiempo relegados a un segundo plano, pasan a ocupar una centralidad pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/latinoamerica21.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/227-J-2-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5902\" width=\"339\" height=\"439\" srcset=\"https:\/\/latinoamerica21.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/227-J-2-1.jpg 545w, https:\/\/latinoamerica21.com\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/227-J-2-1-232x300.jpg 232w\" sizes=\"auto, (max-width: 339px) 100vw, 339px\" \/><figcaption><em><sub>Foto de Humano Salvaje<\/sub><\/em><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Esto desemboca en que el eje de la contienda pol\u00edtica se desarrolle sobre un eje izquierda-derecha que se traduce, por ejemplo, en que Gustavo Petro obtuviese el mejor resultado de la izquierda colombiana en las elecciones presidenciales de 2018. Lo anterior, toda vez que en la actualidad es, nuevamente, el candidato con mayor respaldo pol\u00edtico-electoral.<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto de cambio de ciclo, igualmente, debe transformarse profundamente el rol de la fuerza p\u00fablica y la noci\u00f3n misma de conflicto social. Al establecimiento pol\u00edtico m\u00e1s recalcitrante, en el que se inscribe el <em>uribismo<\/em>, <a href=\"http:\/\/latinoamerica21.com\/es\/colombia-y-la-dimension-politica-de-la-ilegalidad\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">la protesta ciudadana siempre ha sido sin\u00f3nimo de violencia.<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Este simplismo, nada casual, en realidad supone rechazar de plano uno de los derechos que mayormente sustenta la democracia. Es decir, con los violentos no se negocia. A los violentos se les reprime. Y de paso, se consolida la idea de una democracia cuya base de derechos, libertades y garant\u00edas se entiende en t\u00e9rminos de concesi\u00f3n, pero no de conquista.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s de un mes de protestas dejan, adem\u00e1s, im\u00e1genes para el olvido. Escuadrones de la polic\u00eda que, en ocasiones, act\u00faan m\u00e1s como sicarios que como garantes del orden p\u00fablico, disparando arbitrariamente contra la ciudadan\u00eda. Asimismo, \u201cgente de bien\u201d que, armada, ha salido igualmente a repeler de manera violenta las protestas, haciendo valer una suerte de l\u00f3gica parapolicial que estuvo vigente en Colombia durante casi tres d\u00e9cadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, no puede obviarse el oscurantismo de las cifras. En los primeros d\u00edas ya se hablaba de m\u00e1s de treinta muertos y mil heridos. Semanas despu\u00e9s el seguimiento y la transparencia de las cifras brilla por su ausencia. Incluso, algunas organizaciones que hacen seguimiento al estallido social ya hablan de hasta<a href=\"https:\/\/www.temblores.org\/comunicados\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"> 60 muertes, si bien la Fiscal\u00eda General de la Naci\u00f3n habla de 130 desapariciones<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Con abusos y desinformaciones por doquier, en cualquier pa\u00eds democr\u00e1tico, adem\u00e1s de la dimisi\u00f3n del ministro de Defensa y de buena parte de la c\u00fapula militar y policial, se estar\u00eda pensando, de manera inmediata, en una transformaci\u00f3n profunda de la fuerza p\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El estallido social corre el riesgo de desvanecerse<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sea como fuere, este estallido social corre el riesgo de desvanecerse con m\u00e1s pena que gloria. Primero, por la creciente cobertura medi\u00e1tica que asocia la protesta al vandalismo \u2014algo t\u00edpico en la desacreditaci\u00f3n de toda movilizaci\u00f3n ciudadana\u2014, pero tambi\u00e9n por la necesidad de mostrar alg\u00fan tipo de avance tras un mes de paro ciudadano. De hecho, ya este fin de semana han sido multitudinarias algunas movilizaciones a favor del desbloqueo producido por la protesta.<\/p>\n\n\n\n<p>El estallido social necesita dotarse de elementos formales que canalicen el sentimiento de hartazgo con el Gobierno en forma de actores claramente identificados. Necesita una hoja de ruta y una agenda correctamente definida y desde una interlocuci\u00f3n leg\u00edtima y representativa que consiga establecer mecanismos de intercambios cooperativos que sean mutuamente favorables para las partes. En concreto debe definirse con claridad del lado de la ciudadan\u00eda qui\u00e9n negocia qu\u00e9, en nombre de qui\u00e9n, y para qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez, lo anterior debe realizarse, adem\u00e1s, desprovisto de cortoplacismos. Este Gobierno est\u00e1 dando sus \u00faltimos estertores y en 2022 llegar\u00e1 un nuevo Ejecutivo, muy alejado del <em>uribismo<\/em> que, imperativamente, necesitar\u00e1 integrar buena parte de estos reclamos en su agenda pol\u00edtica. Por ello, conviene evitar precipitaciones y entender que es momento de reformas estructurales de largo alcance y no de concesiones puntuales que se inscriban en el plano de la coyuntura.<\/p>\n\n\n\n<p>En conclusi\u00f3n, nos encontramos ante un punto de inflexi\u00f3n para la democracia colombiana. Un punto que exige de compromisos institucionales y de una cultura pol\u00edtica madura que puede redefinir un contrato social que, en Colombia, durante d\u00e9cadas, ha sido concebido como un instrumento de m\u00ednimos al servicio de unas elites pol\u00edticas. Una \u00e9lite que, con algunas honrosas excepciones, se han caracterizado mayormente por gobernar al margen de las necesidades de su sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p><em><sub>Foto de \u00a9 Leon Hernandez<\/sub><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El estallido social que acontece en Colombia desde hace m\u00e1s de un mes se inscribe en un momento de cambio de ciclo pol\u00edtico que comienza con la firma del Acuerdo de Paz con las FARC-EP en noviembre de 2016. <\/p>\n","protected":false},"author":125,"featured_media":5868,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"episode_type":"","audio_file":"","cover_image":"","cover_image_id":"","duration":"","filesize":"","filesize_raw":"","date_recorded":"","explicit":"","block":"","itunes_episode_number":"","itunes_title":"","itunes_season_number":"","itunes_episode_type":"","footnotes":""},"categories":[16497,16497,16477,16477],"tags":[],"gps":[],"class_list":{"0":"post-5901","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-democracia","9":"category-colombia"},"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5901","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/125"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5901"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5901\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5868"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5901"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5901"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5901"},{"taxonomy":"gps","embeddable":true,"href":"https:\/\/latinoamerica21.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/gps?post=5901"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}