Renegociar la deuda para no desfallecer tras la pandemia

Con cuatro millones de casos confirmados y mas de 150 mil fallecidos, América Latina es la región mas afectada por covid-19. Aunque es probable que el pico de infecciones ya haya sido superado, o este a punto de alcanzarse, lo peor de la pandemia está a punto de desatarse. El FMI proyecta que las economías de la región de Latinoamérica y el Caribe sufrirán una contracción del 10% del PBI para 2020, aun peor que África Subsahariana, Medio Oriente o el Sudeste Asiático. Para el 2021, proyectan una recuperación lenta del 3.5%. El Banco Mundial predice que este año al menos 60 millones de latinoamericanos verán caer sus ingresos por debajo de la línea de pobreza regional fijada en 5,50 dólares por día. Sumando la reciente inestabilidad política regional, lo que se avecina es un posible colapso socioeconómico de una envergadura históricamente incomparable.

Los países de la región tendrán que desplegar una gran variedad de políticas con el objetivo de controlar la inflación, aumentar el crédito, subvencionar el consumo, y elevar el gasto publico en infraestructura y en medidas de seguridad social. Sin embargo, ninguna de estas acciones podrá llevarse a cabo sin antes poder “solucionar” los altos niveles de endeudamiento público en dólares de los países latinoamericanos. En diciembre de 2019, la deuda publica estatal a nivel regional era equivalente al 70% del PBI. La deuda externa total de la región sumaba mas de 2.4 trillones de dólares.

Incluso países con porcentajes mas “manejables”, como Chile y Perú, tendrán serios problemas, tanto en emitir nueva deuda en dólares como en cumplir con los servicios de deuda externa, debido a una baja en el precio internacional de commodities impulsada por una recesión económica, y a un aumento de la prima de riesgo en la oferta de bonos provocado por el aumento del gasto publico para enfrentar la pandemia y sus consecuencias socioeconómicas.

El peligro es tan elevado que el 60% del índice de comparación de bonos de países latinoamericanos de JP Morgan, BNP Paribas, y Goldman Sachs estaría en riesgo de default si la región cae en una alta recesión post-covid, disparando el déficit del gasto publico, y desencadenando una ola de rebajas de clasificaciones de crédito que espantaría posibles inversores.

Las instituciones internacionales han tomado consciencia de lo grave e inminente de la situación y han comenzado a actuar preventivamente. El BID está prestando sumas records de hasta $15 billones para el sector publico y $7 billones al privado. El FMI ha preventivamente desembolsado un total de 107 billones de dólares en líneas de crédito flexible, incrementos de programas existentes, y asistencia de emergencia a países de la región (Chile, Perú y Colombia mayoritariamente).

Sin embargo, los desafíos que enfrenta la región requieren acciones mas drásticas. Los países Latinoamericanos, liderados por sus miembros en el G-20 (Argentina, Brasil y México) y en la OCDE (Chile, Colombia, y México), y con el apoyo del resto de los países emergentes, deben presionar por un alivio generalizado de la deuda externa que consista en la suspensión en los pagos de deudas bilaterales con vencimiento entre 2020 y 2022, por un total de 60 billones de dólares.

Convencer a China, que posee el 27% de las deudas bilaterales, será crucial para forzar a los Estados Unidos y a la Unión Europea a renunciar a pagos de deuda durante dos años

El bloque latinoamericano en el G-20 y la OCDE, con el sostén de Sudáfrica, Indonesia, Turquía, India y Arabia Saudita, deberán demandar la suspensión de pagos bilaterales hasta 2022 como esencial para la coordinación internacional de la economía mundial post-pandemia. Convencer a China, que posee el 27% de las deudas bilaterales, será crucial para forzar a los Estados Unidos y a la Unión Europea a renunciar a pagos de deuda durante dos años si no quieren arriesgar a perder sus roles de liderazgo internacional.

El bloque Latinoamericano debería también exigir al FMI la posible emisión de hasta un trillón de dólares en derechos especiales de giro para prestamos de emergencia, la cancelación de los intereses de pago de deuda con el organismo, y, en coordinación con los bancos centrales del G-20, una política monetaria de expansión cuantitativa hacia el Sur global que aumentaría, mediante la compra de bonos, considerablemente la liquidez y la oferta de créditos en los mercados emergentes.

Asimismo, los países del Caribe, con los ingresos más bajos de la región y los que mas sufrirán por la parálisis del turismo internacional, deberán contar también con la cancelación de US$ 20 billones en vencimientos correspondientes a prestamos privados. Los bancos centrales del G-20 con el apoyo del Banco Mundial y el FMI tienen que presionar a los acreedores privados estadounidenses y europeos a cancelar los pagos de 40 naciones del Caribe, el Indico, y el Pacifico.

Por ultimo, para los países emergentes de ingresos medios, las recientes restructuraciones, sostenidas por el FMI, de las deudas argentina y ecuatoriana son los modelos a seguir para poder llevar a cabo una fuerte reactivación económica a través del aumento de gasto público sin el riesgo de una deuda externa impagable.

Estamos por enfrentar un momento histórico a nivel mundial. Es imprescindible que América Latina coordine de manera unificada sus esfuerzos dentro del G-20 y la OCDE para promocionar medidas multilaterales con el objetivo de aliviar la carga deudora. La historia habla por si misma: basta con solo contrastar las consecuencias políticas y socioeconómicas que produjeron la reticencia a suspender pagos de deuda externa de países europeos en 1931, que llevó la recesión a una depresión y abrió el paso a gobiernos fascistas, con la cancelación y emisión de líneas de créditos flexibles en 1947, inaugurando el mayor periodo de prosperidad económica y estabilidad política en la historia europea.

Foto de Carolina Tarre en Foter.com / CC BY-NC