La niña y el humo

El viernes, sin que nadie lo esperara, habló la niña. No tenía más de 11 años. Vestía un polo celeste, llevaba el pelo suelto y cogía el micrófono como el más experimentado locutor. Dijo que fue al cielo con la misión de averiguar si era cierto lo que escuchó en una radio. Que el martes 21 de abril sería el fin del mundo.