
Durante décadas, hablar de una transición democrática en Venezuela se convirtió casi en un ejercicio de frustración automática para los venezolanos. Una desesperanza aprendida acumulada por múltiples intentos fallidos de promover una salida democrática a la dictadura, que por más de un cuarto de siglo se ha aferrado al poder. Una y otra vez, las conversaciones terminaron bloqueadas por la desconfianza, el incumplimiento, la ausencia de garantías y un control abusivo de los medios represivos que mantuvieron siempre la asimetría de cada intento negociador. Sin embargo, en esta edición las condiciones son considerablemente diferentes, ante el tutelaje político que ejerce Washington sobre el régimen interino que preside Delcy Rodríguez. La diferencia y la asimetría de poder han cambiado las condiciones, han condicionado la agenda, y aunque aún la transición siga sin estar asegurada, este mes de agosto ha comenzado un proceso que pudiera parecer que Venezuela se encamina hacia una fase de liberalización y de inicio de una posible transición democrática.
La pregunta interesante es otra: ¿qué ha cambiado para que esta vez existan razones, aunque sean limitadas, para pensar que una negociación podría conducir hacia una hoja de ruta política? Hay elementos nuevos que obligan a mirar el proceso desde otra perspectiva, en la que Washington ha trascendido su esquema tutelar y extractivista, a un proceso político conducente a un desmontaje negociado de las principales instituciones de la dictadura. Lo cual incluye principalmente el Poder Judicial y dentro de él una instancia fundamental como lo es la Sala Electoral.
Sin embargo, se mantiene que la verdadera dificultad estará en transformar los intereses estratégicos de los actores en compromisos verificables: garantías políticas, condiciones electorales, recuperación institucional, seguridad para quienes participen en el proceso y mecanismos capaces de sostener lo acordado cuando aparezcan las fricciones propias de la democracia y el pluralismo.
Por eso, más que preguntarnos si debemos ser optimistas o pesimistas, quizá convenga formular preguntas más incómodas. ¿Qué tendría que ocurrir para que esta negociación sea realmente diferente a las anteriores? ¿Qué incentivos podrían hacer que los actores venezolanos acepten los nuevos compromisos? Y, sobre todo, ¿estamos finalmente ante el comienzo de una transición democrática… o simplemente ante una nueva negociación dentro de una crisis que todavía está lejos de resolverse? Estas preguntas están planteadas en este episodio de Mirada Semanal.






