La diplomacia de la región inicia este 2026 en un momento de grandes cambios geopolíticos. Un hemisferio signado por la fragmentación del orden liberal, el retroceso democrático, la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, el retorno del proteccionismo arancelario y la politización de las cadenas de suministros. En ese contexto que hemos examinado en episodios anteriores, el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe celebrado recientemente en Panamá, pudiera consolidarse como un espacio clave para interpretar no solo las prioridades económicas de la región, sino también su posicionamiento estratégico frente a la pugnacidad de las grandes potencias. ¿Será este evento un nuevo Davos iberoamericano? Y es que ante la ruptura de las normas convencionales que estructuraba el orden internacional tradicional, resulta imperativo para buena parte de las cancillerías de la región retomar el fortalecimiento del multilateralismo y la coordinación de agendas de acción conjunta.
Por tanto, este foro no tan solo resulta una plataforma de encuentro diplomático, sino de diálogo técnico entre sector público, empresarial y sociedad civil organizada. De alguna manera, su formato pone en evidencia la necesidad de las tensiones entre desarrollo y dependencia, entre autonomía estratégica e inserción subordinada que aún persiste en la economía global de nuestro tiempo. En la temática de sus discusiones giraron sobre financiamiento, transición energética, digitalización y gobernanza fiscal regional, en un marco de fuertes presiones internacionales entre actores extra-regionales y un gobierno de los EEUU que ha reforzado su presencia en el hemisferio de manera determinada, planteando una nueva correlación de alineamientos políticos.
En este escenario, el Foro Económico Internacional no solo refleja debates económicos, sino que expone las disputas geopolíticas que atraviesan a la región y las limitaciones estructurales de su inserción internacional. Ante esta imperiosa necesidad de inserción y autonomía internacional, nos preguntamos ¿está América Latina y el Caribe utilizando estos espacios multilaterales para construir una estrategia geopolítica propia o sigue reaccionando de manera fragmentada a agendas impuestas por las grandes potencias? Por otra parte ¿puede el Foro convertirse en un punto de articulación entre desarrollo económico y autonomía política, que tenga la importancia del Foro Económico de Davos pero en Iberoamérica?







