Durante años, Venezuela ha ocupado titulares por sus crisis políticas, económicas y las olas migratorias que han vaciado al país. Sin embargo, los dos terremotos en Venezuela registrados el 24 de junio abrieron un nuevo capítulo que trasciende las estadísticas sísmicas y pone en evidencia una realidad mucho más angustiante: la vulnerabilidad de todo un país que, ante esta catástrofe natural, ha quedado expuesto a una crisis humanitaria de incalculables proporciones en cuestión de minutos.
Los movimientos telúricos afectaron especialmente regiones del norte venezolano, dejando una cifra creciente de muertos, daños materiales, comunidades aisladas y miles de personas enfrentando la que quizá sea la peor catástrofe natural de su historia contemporánea. Pero detrás de las imágenes de edificios en ruinas y carreteras destruidas surge una pregunta mucho más incómoda de formular: ¿estaba Venezuela preparada para responder a una emergencia de esta magnitud?
La capacidad institucional, la infraestructura hospitalaria, los sistemas de protección civil, las comunicaciones y el acceso a ayuda humanitaria vuelven a situarse en el centro del debate. Más aún ante la errática gestión que el gobierno de Decly Rodríguez ha realizado de esta contingencia nacional. Mientras distintos gobiernos, organismos internacionales y algunos aliados del régimen anunciaron contribuciones, asistencia para las labores de rescate, también aparecieron denuncias sobre limitaciones logísticas, dificultades para distribuir la ayuda y hasta obstaculizaciones a la labor de rescatistas y voluntarios.
Esta tragedia también reabre una discusión que suele pasar desapercibida: cómo las crisis acumuladas durante años modifican la capacidad de un Estado para enfrentar desastres naturales. Cuando la emergencia ocurre en un país marcado por el deterioro de sus servicios públicos, la desprofesionalización de los cuerpos de seguridad, la desinversión en la salud pública, la migración de millones de ciudadanos y profundas restricciones económicas, el impacto puede multiplicarse mucho más allá de lo imaginable.
En este episodio analizaremos lo ocurrido en términos de gestión gubernamental, tras los terremotos del 24 de junio, cuál fue la respuesta nacional e internacional, cuáles fueron los apoyos concretos de los aliados del gobierno venezolano y qué revela esta emergencia sobre el presente y el futuro político del país. ¿Estamos frente a un evento imprevisto que pueda significar un cambio drástico en el esquema de poder en Venezuela? ¿Las grietas de este terremoto también se reflejan en la dictadura?, ¿Qué consecuencias políticas, sociales y humanitarias podrían sentirse durante los próximos meses? Y, sobre todo, ¿cómo queda situada la «estrategia de las tres fases» de los EEUU hacia Venezuela ante las implicaciones de estos terremotos en Venezuela?







