En la era digital, la política se redefine como un juego de estímulos visuales y pertenencia emocional donde los memes, más que los argumentos, moldean la conexión con el electorado.
El show del Super Bowl confirmó que, en la cultura popular global, el espectáculo nunca es neutral: lengua, identidad y poder político se disputan incluso en el escenario más masivo del entretenimiento.
El debate sobre redes sociales y niñez dejó de ser teórico: en América Latina empieza a consolidarse un consenso político para regular a las plataformas.