En la era digital, la política se redefine como un juego de estímulos visuales y pertenencia emocional donde los memes, más que los argumentos, moldean la conexión con el electorado.
El trumpismo muestra cómo la comunicación política contemporánea convierte el miedo y el pánico moral en una gramática de poder sostenida por emociones, plataformas digitales y crisis permanentes.
Este fenómeno revela cómo líderes del mundo han convertido el ejercicio del poder en un espectáculo, donde la teatralidad, la provocación y el carisma mediático pesan tanto como —o más que— sus decisiones de gobierno.