La extorsión criminal se infiltra en escuelas, templos y espacios deportivos ante la incapacidad del Estado para garantizar seguridad y frenar su expansión.
A pesar de contar con menos de quince miembros, el Ejército del Pueblo Paraguayo ha logrado mantenerse activo durante diecisiete años, desafiando al Estado y evidenciando las fracturas sociales del norte del país.