De ser un país con récord de golpes de Estado a laboratorio del populismo andino, Bolivia enfrenta un nuevo punto de inflexión. La segunda vuelta presidencial marca el ocaso de la hegemonía del MAS y abre un escenario incierto: la élite política deberá enfrentar una economía al borde del colapso y el fantasma persistente de Evo Morales.
Rodrigo Paz sorprendió al ganar la primera vuelta en Bolivia con un discurso moderado y económico inclusivo, frente al desgaste de la derecha dividida y la debacle histórica del MAS.
En medio de una crisis económica, un tribunal electoral desacreditado y una fragmentación política extrema, Bolivia se encamina a unas elecciones incapaces de resolver las tensiones que amenazan con desbordar al país.
Javier Milei se convierte en referente simbólico para los candidatos opositores que apelan al malestar económico y prometen una ‘motosierra’ para recortar el gasto estatal en un país cansado de casi 20 años de gobiernos de izquierda.
La Bolivia actual evidencia un Estado debilitado, cooptado por redes ilegales y sin capacidad para hacer cumplir la ley en vastos territorios del país.