Costa Rica enfrenta unas elecciones marcadas por la incertidumbre y el auge del personalismo político, poniendo a prueba una de las democracias más estables de América Latina frente a un escenario de volatilidad inédita.
En tres décadas, Costa Rica pasó de exportar materias primas a convertirse en un referente global de manufactura médica, ofreciendo valiosas lecciones para América Latina.
A pesar de los avances del pasado, hoy la sociedad costarricense convive con el enojo, el pesimismo, la desesperanza y la violencia, sentimientos y percepciones que aparecen en las encuestas.
La erosión del respaldo a los partidos tradicionalmente dominantes en las elecciones municipales ha abierto múltiples espacios para agrupaciones emergentes que aprovechan para disputar y convertirse en agrupaciones competitivas a nivel local.
Costa Rica ha roto con ciertas prácticas del pasado como el bipartidismo y la pervivencia de una clase política tradicional y se ha sumergido plenamente con los nuevos tiempos de la política que han diluido los marcos relativamente estables existentes hasta hace pocos años.