Costa Rica enfrenta un creciente deterioro de la independencia judicial a la vez que el Gobierno impulsa políticas de mano dura que los votantes no han respaldado.
Costa Rica está viviendo una creciente polarización política entre la defensa de su tradición democrática y un proyecto político de ruptura impulsado por el oficialismo.
Las elecciones de 2026 reconfiguran la política en Costa Rica, con Presidencia y Congreso concentrados en un solo partido y un electorado movilizado por seguridad y cambio institucional.
El triunfo de Laura Fernández abre una encrucijada: reformar el Estado para dar paso a una Tercera República o erosionar, en el intento, los contrapesos que sostuvieron su democracia.
Costa Rica enfrenta unas elecciones marcadas por la incertidumbre y el auge del personalismo político, poniendo a prueba una de las democracias más estables de América Latina frente a un escenario de volatilidad inédita.