En América Latina, los avances formales en igualdad de género conviven con una violencia persistente que sigue limitando la autonomía, la seguridad y la vida cotidiana de millones de mujeres.
La paridad de género ha avanzado de cuotas a principio democrático, pero sigue siendo frágil, desigual y aún insuficiente para garantizar una igualdad real en la representación.
El mundo “descubre” con sello oficial lo que ya se sabía: que crecer sin límites destruye la vida, y la verdadera novedad es la grieta que abre para cambiar el relato.
En la Argentina actual, la calidad de los vínculos está cada vez más condicionada por el tiempo, los recursos y la etapa de vida, revelando una creciente desigualdad emocional.
La creciente concentración de la riqueza en manos de una élite global amenaza con capturar el poder político y erosionar las bases mismas de la democracia.