Bajo el gobierno de Daniel Noboa, Ecuador atraviesa una transformación gradual que concentra poder, debilita contrapesos y reconfigura las reglas democráticas en una deriva de tintes autoritarios.
Ecuador ha dejado de ser un actor marginal para integrarse de lleno, y tardíamente, a las dinámicas del crimen organizado transnacional, en un contexto de profundas debilidades estatales.
Cuando la ideología reemplaza al pragmatismo en la política económica y exterior, la confrontación gana centralidad y los costos —económicos, institucionales y sociales— no tardan en aparecer.
Con una violencia récord, un gobierno debilitado y un escenario electoral en ciernes, Ecuador se encamina a 2026 entre tensiones políticas, fragilidad institucional y demandas sociales insatisfechas.