Tan políticamente correcto ha sido Messi a lo largo de su carrera, evitando minuciosamente cualquier tipo de afirmación política, que su aceptación como mercancía transnacional global ha sido natural.
El fútbol y la política son, sobre todo en América Latina, dos pasiones que van de la mano, mal que les pese a todos aquellos que aseguran que no hay que mezclar ambas aficiones.
El mundial en Catar estuvo signado por la polémica. Desde la controvertida adjudicación del emirato como sede a las condiciones de vida de los miles de trabajadores migrantes, hasta las amenazas a los jugadores en caso de plegarse a alguna manifestación.