Detrás de las justificaciones de las intervenciones militares de las grandes potencias suelen esconderse intereses económicos y estratégicos, con el petróleo como uno de sus principales motores.
La escalada de conflictos geopolíticos impulsa la transición energética al evidenciar los costos y riesgos de la dependencia de los combustibles fósiles.
El bloqueo del estrecho de Ormuz evidencia cómo un solo punto crítico puede desestabilizar el sistema energético global, exponiendo su profunda fragilidad ante conflictos geopolíticos.
La guerra en Irán impacta a América Latina al encarecer el petróleo, generar inflación y exponer su dependencia del dólar, debilitando su estabilidad económica y política.
La volatilidad del mercado y los riesgos de desabastecimiento están empujando a grandes economías a replantear con urgencia sus estrategias de seguridad energética.