Aunque el Gobierno presume una fuerte caída en homicidios, el aumento de desapariciones, la expansión del control criminal y la violencia territorial dibujan un panorama mucho más alarmante.
La violencia que siguió a los hechos recientes en Jalisco no habla solo de una organización criminal, sino de la capacidad —y los límites— del Estado para administrar los vacíos de poder.
La extorsión criminal se infiltra en escuelas, templos y espacios deportivos ante la incapacidad del Estado para garantizar seguridad y frenar su expansión.
Con un crecimiento económico anémico, una deuda en aumento y presiones internas y externas, México enfrenta en 2026 el desafío de gobernar la escasez sin erosionar su frágil equilibrio político e institucional.