La exigencia de perdón a España reaviva tensiones en la diplomacia mexicana, mientras la violencia interna y la narcopolítica cuestionan la coherencia y el rumbo de la política exterior del país.
La violencia en México adopta cuatro rostros territoriales distintos, revelando un país donde el Estado coexiste, compite o desaparece frente al crimen organizado.
La polarización afectiva, ya arraigada en México y la región, está erosionando las instituciones y convirtiendo el disenso democrático en un conflicto emocional que dificulta el diálogo y la convivencia cívica.
La soberanía mexicana hoy no se ejerce desde Palacio Nacional, sino que se disputa en un campo de sombras entre el Estado, el crimen organizado y Estados Unidos.
La extradición de 55 capos a Estados Unidos exhibe no solo la fuerza de Washington, sino también la impunidad intacta de la narcopolítica mexicana que el oficialismo evita tocar.