La regulación para menores dejó de ser un debate moral y pasó a ser política de Estado: algunos países prohíben, otros condicionan y casi todos trasladan responsabilidad a las plataformas. ¿Por qué y cómo?
Necesitamos crear una nueva cultura digital compartida. Una que no deje solas a las infancias. Una donde la habilidad técnica venga acompañada de criterio ético y emocional.