Sin reconciliación entre la Venezuela de dentro y la de fuera, la fractura social seguirá limitando cualquier intento de reconstrucción nacional sostenible.
El auge petrolero dejó de traducirse en poder efectivo, evidenciando los límites estructurales de un modelo sin instituciones ni base productiva sostenible.
Tras la caída de Maduro, Venezuela enfrenta el dilema de muchas transiciones abruptas: cómo evitar que el fin del autoritarismo derive en nuevas formas de poder inestable o extractivo.
La reactivación del petróleo venezolano abre una oportunidad para que América Latina capture valor no solo en la extracción, sino en la industria, los servicios y las finanzas.
Una eventual transición democrática en Venezuela exige algo más que elecciones: requiere reconstruir las reglas, las instituciones y las garantías del sistema electoral.