El avance de las nuevas derechas en América Latina no se explica solo por ciclos ideológicos, sino por su capacidad de transformar el malestar social profundo y anómico en proyecto político.
2025 dejó democracias vivas pero exhaustas y un mapa político reconfigurado. Entre miedos y urgencias, las mayorías eligieron seguridad. ¿Estamos ante una deriva hacia un orden punitivo?
2025 asoma como un año bisagra en el que el viejo orden ya no funciona, pero el nuevo aún no encuentra ni lugar, ni protagonistas, ni sentido compartido.
En un 2025 marcado por urnas castigadoras, sistemas fragmentados y democracias bajo presión, América Latina confirmó que el voto sigue siendo un instrumento de cambio, pero ya no una garantía de estabilidad ni de fortalecimiento democrático.
Bolsonaro y Chávez, desde polos ideológicos opuestos, comparten un mismo recurso político: el uso de símbolos y narrativas religiosas para construirse como líderes mesiánicos y legitimar proyectos de poder que tensionan la democracia liberal.
El rechazo ciudadano a la consulta de Noboa dejó al descubierto una verdad incómoda: sin resultados concretos en seguridad, salud y economía, ninguna narrativa política logra sostenerse.