Cada cuatro años creemos que el Mundial solo habla de fútbol. Pero basta mirar un poco más de cerca para descubrir que también habla de democracia, de desigualdad, de instituciones, de liderazgo y de reglas.
El avance del crimen organizado en América Latina amenaza no solo la seguridad, sino las bases mismas del desarrollo humano y la democracia en la región.