En América Latina, la corrupción no es una anomalía del sistema democrático, sino un engranaje estructural que lo debilita, alimenta el populismo y reproduce la desigualdad.
La Bolivia actual evidencia un Estado debilitado, cooptado por redes ilegales y sin capacidad para hacer cumplir la ley en vastos territorios del país.
La lucha eficaz contra la corrupción saca a la luz tramas que antes eran invisibles, lo que provoca un aumento artificial de la percepción del problema.
A lo largo de los años, el crimen organizado ha demostrado una asombrosa capacidad de adaptación y evolución. Ahora, la llamada “quinta ola” amenaza con llevarlo a un nivel aún más sofisticado, influyente y global.
El proxenetismo se une a la larga lista de gravísimos delitos por los que funcionarios o miembros del Parlamento peruano son investigados por la justicia.