El show del Super Bowl confirmó que, en la cultura popular global, el espectáculo nunca es neutral: lengua, identidad y poder político se disputan incluso en el escenario más masivo del entretenimiento.
La exaltación de una latinidad selectiva, celebrada como inclusión cultural, oculta jerarquías internas y profundas desigualdades en el trato migratorio hacia distintas comunidades latinoamericanas.
En el corazón del espectáculo más poderoso de Estados Unidos, Bad Bunny convirtió el reggaetón en un acto de insurrección cultural que desafió, en vivo y sin traducción, la hegemonía del imperio.
El cierre del Ministerio de Cultura y Patrimonio en Ecuador desnuda no solo una decisión política coyuntural, sino el fracaso de una institución que nunca logró asumir su rol estratégico en el cuidado colectivo de la creación cultural.
Vargas Llosa no solo cultivó un estilo literario singular -como lo señala la crítica-, sino que exploró el análisis del poder en sus múltiples manifestaciones.