Cuando la ideología reemplaza al pragmatismo en la política económica y exterior, la confrontación gana centralidad y los costos —económicos, institucionales y sociales— no tardan en aparecer.
Con una violencia récord, un gobierno debilitado y un escenario electoral en ciernes, Ecuador se encamina a 2026 entre tensiones políticas, fragilidad institucional y demandas sociales insatisfechas.
El rechazo ciudadano a la consulta de Noboa dejó al descubierto una verdad incómoda: sin resultados concretos en seguridad, salud y economía, ninguna narrativa política logra sostenerse.