La crisis más profunda del régimen cubano coincide con una estrategia de máxima presión impulsada por Washington. El objetivo es forzar una transición política, pero el uso de la fuerza ya no parece una hipótesis descartada.
Washington vuelve a apostar por una estrategia que ya fracasó hace más de seis décadas: usar las sanciones económicas para forzar un cambio político en Cuba. Pero, mientras intenta aislar al régimen, también dificulta las reformas y empuja a La Habana hacia China.
Estados Unidos redefine el tablero regional con acuerdos bilaterales que tensionan el multilateralismo y exponen a América Latina a nuevas dependencias digitales y comerciales.