La exaltación de una latinidad selectiva, celebrada como inclusión cultural, oculta jerarquías internas y profundas desigualdades en el trato migratorio hacia distintas comunidades latinoamericanas.
Brasil pasó de ser un modelo humanitario frente al éxodo venezolano a levantar barreras que convierten la protección en filtro y el asilo en excepción.
Tras la caída de Maduro, la gran pregunta no es solo cuándo volverán los venezolanos, sino si realmente existe un camino de retorno posible después de años de arraigo.
La migración no es una “crisis” temporal: es una fuerza global que está reescribiendo fronteras, tensionando derechos y obligando a los Estados a elegir entre integración o exclusión.
El respaldo inicial a la política antiinmigrante de Trump comienza a erosionarse, a medida que la opinión pública estadounidense acepta el control fronterizo pero rechaza los métodos que vulneran derechos y dignidad humana.