Mientras las remesas baten récords y alivian las economías de muchos países de la región, millones de hogares latinoamericanos se reconfiguran en torno a una ausencia que deja huellas sociales, educativas y emocionales.
La exaltación de una latinidad selectiva, celebrada como inclusión cultural, oculta jerarquías internas y profundas desigualdades en el trato migratorio hacia distintas comunidades latinoamericanas.
Brasil pasó de ser un modelo humanitario frente al éxodo venezolano a levantar barreras que convierten la protección en filtro y el asilo en excepción.
Tras la caída de Maduro, la gran pregunta no es solo cuándo volverán los venezolanos, sino si realmente existe un camino de retorno posible después de años de arraigo.