Las elecciones de 2026 reconfiguran la política en Costa Rica, con Presidencia y Congreso concentrados en un solo partido y un electorado movilizado por seguridad y cambio institucional.
Carney apuesta por una fórmula política incómoda: si el mundo deja de creer en las instituciones económicas dominadas por Washington, su poder se erosiona.
Cuando quien debería ser el principal aliado del presidente decide confrontarlo públicamente, la política boliviana vuelve a mostrar una fractura recurrente: la del vicepresidente que convierte el cargo en trinchera de oposición.