El respaldo de la nueva derecha latinoamericana a Donald Trump revela hasta dónde está dispuesta a relativizar la democracia en nombre de su alineación geopolítica.
En la era de la “geopolítica del yo”, el poder global deja de articularse en reglas y alianzas estables para girar en torno al liderazgo personalista, transaccional y autorreferencial de Donald Trump.
Reducir el buen gobierno a la seguridad —sea nacional o “humana”— es una falacia que oculta la debilidad del Estado y legitima la militarización en lugar de fortalecer la democracia.
La retirada de Estados Unidos del multilateralismo acelera la fragmentación del sistema interamericano y abre un escenario “postamericano” en el que China avanza sobre una gobernanza regional debilitada.