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COP30: promesas, mentiras y esperanzas

Entre promesas incumplidas y el peso del lobby fósil, la COP30 volvió a mostrar la distancia entre la urgencia climática y la voluntad política de dejar atrás el petróleo.

Uno de los puntos más controversiales de los encuentros que aglutina a la comunidad internacional en la conferencia climática recientemente finalizada, la conferencia de las partes (COP), se centra en la discusión acerca de la necesidad de dejar atrás el petróleo y demás combustibles fósiles, avanzar con la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Aun cuando el carácter determinante de los fósiles en el calentamiento global se halle científicamente comprobado, numerosas delegaciones siguen bloqueando cualquier esbozo de declaración que marque el fin de la era del petróleo.

Este tipo de iniciativas no resulta novedoso, recordemos que la temática, aunque ausente del Acuerdo de París 2015, fue tibiamente abordada en Dubái (COP28). Pero la necesidad de comenzar a dejar el petróleo, sí comienza a ser impulsada por diversas iniciativas surgidas a lo largo de los últimos años: prohibiciones, moratorias u otro tipo de propuestas que buscan terminar con la explotación de los combustibles fósiles. Algunas de estas propuestas son: el colectivo por “dejar el petróleo en el subsuelo” (LINGO), la “Alianza más allá del petróleo y el gas” (BOGA) y la propuesta de avanzar hacia un “Tratado de no–proliferación” en materia de explotación petrolera.

El presupuesto de carbono restante para mantener el calentamiento global por debajo de los 1.5Cº  es de 130 GigaToneladas (Gt, miles de millones de toneladas)  de CO2, cifra que resulta ampliamente superada por los diversos proyectos de producción actualmente en marcha, las denominadas “bombas de carbono”. Según datos recopilados por LINGO, de concretarse estos nuevos proyectos las emisiones alcanzarían los 1.400 Gt de CO2, lo cual expone al planeta ante un verdadero colapso climático. Mientras tanto, la industria sigue proponiendo alternativas de captura y almacenamiento y otras tecnologías de dudosa reputación, todo para seguir adelante con sus negocios.

Los continuos desastres naturales evidencian que el problema ya esta entre nosotros. Las catástrofes imponen fuertes costos al tiempo que las víctimas fatales aumentan año tras año. Esta situación comienza a presionar a los gobiernos, tanto en lo fiscal (inversiones en adaptación, costos de reconstrucción) pero también en la necesidad de políticas de largo plazo para mitigación. A esto se suman los riesgos asociados a los activos sujetos a la pérdida de valor ante la aceleración de la transición. Y es que para avanzar en la reducción de los riesgos se debe avanzar la transición, pero ello implica acrecentar la posibilidad de fuertes pérdidas patrimoniales para la industria petrolera y asociadas.

Durante la COP30, Colombia lanzó la iniciativa de Belém, una iniciativa que aboga por “trabajar colectivamente hacia una transición justa, ordenada y equitativa para abandonar los combustibles fósiles, alineada con los caminos consistentes en limitar el aumento global de la temperatura a 1,5Cº”. En la mencionada cumbre, 88 países decidieron unirse para avanzar con lo acordado en Dubái. Aunque importante, dicha propuesta fue confrontada por las delegaciones de Arabia Saudita e India, postura que recibiría el apoyo de varios otros países productores.

A ello se suma el cabildeo de la industria petrolera que, en números récords -más de 1,600 representantes- participó del evento, a diferencia de los 2,500 indígenas que se acercaron a la COP y a quienes les fue vetado el acceso a las deliberaciones. También destacaron los financistas promocionando los mercados de carbono, promesas de transformación que terminan eludiendo las soluciones, pero aumentando la rentabilidad de los inversores. Para los militantes ambientales y organizaciones no gubernamentales, la ciudad de Belém fue testigo de una nueva farsa, para la comunidad académica una COP fuera de la realidad del planeta.

 Amén de sumarse al reclamo por una hoja de ruta por parte de los países insulares y otros no productores, también adhirieron varios países productores como Colombia, Gran Bretaña y Nigeria. Y pese a la presión ejercida por el lobby petrolero, este colectivo planteó la importancia de incluir la temática en la declaración final (la tan mentada decisión de Muritâo) cosa que finalmente no sucedió. No se logró acordar ningún mapa de transición o salida. El acuerdo final tampoco menciona la deforestación, pese a las diversas iniciativas presentadas y la propuesta de financiamiento introducida por el país huésped. El encuentro de Belém estaba llamado a ser “la COP de la verdad”, la “COP de la gente”, pero la realidad muestra una vez más la imposibilidad de denunciar lo obvio, tanto como la prevalencia del lobby petrolero. 

La COP30 nos lleva a adentrarnos en la desesperanza, aunque también nos obliga a pensar en alternativas. Una de ellas es el anuncio de Colombia y Países Bajos de celebrar la primer Conferencia Internacional por una Transición Justa, y dejar atrás a los Combustibles Fósiles, reunión a celebrarse en abril en Santa Marta, Colombia. También podría celebrarse la decisión de las partes de introducir la temática de transición justa en las 64 sesiones de los entes subsidiarios de la UNFCC que tendrá lugar en junio del 2026, para así operacionalizar un mecanismo que sea considerado en la próxima COP31 a desarrollarse en Turquía.

Muchos otros también comienzan a destacar la necesidad de retomar el espíritu científico, que las conferencias de las partes se centren en resolver la urgencia que nos plantea el acercarnos a los límites de la humanidad. Una de las principales medidas para lograrlo pasa por bloquear el acceso al lobby petrolero, que con sus mentiras y dilaciones viene evitando toda posibilidad de avance.Las mentiras y los engaños quizás nos enseñen a dejar de lado la visión naïve que muchos aún sostienen, pensando que la industria petrolera se convierta en artífice de su propia sepultura. Dejar los fósiles atrás es una decisión política que debe de ser adoptada por los gobiernos. Para ello, la presión de la sociedad civil resulta determinante.

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Investigador Asociado del Centro de Estudios de Estado y Sociedad - CEDES (Buenos Aires). Autor de “Latin America Global Insertion, Energy Transition, and Sustainable Development", Cambridge University Press, 2020.

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