A poco más de seis meses de su asunción a la presidencia, Rodrigo Paz padece una crisis política que amenaza su continuidad en el poder. Desde hace tres semanas, grupos movilizados a la cabeza de la Central Obrera Boliviana han bloqueado los accesos por carretera a la ciudad de La Paz, han cometido actos vandálicos y saqueos, han dañado bienes públicos y maltrato a personas que nada tienen que ver en el conflicto. Todo ello bajo la consigna de renuncia del primer mandatario del Estado. De esta manera, Bolivia ha ingresado en un escenario de incertidumbre política de cuyo decurso depende el proceso democrático boliviano.
Aunque hay varios factores desde donde se puede explicar este nuevo conflicto, hay tres elementos fundamentales. El primero de ellos, tiene que ver con que el sistema político pasa por una crisis de representación. El proceso electoral llevado a cabo en 2025 generó una atomización del voto, no solo entre tres fuerzas de oposición al MAS (PDC, Libre y UN), sino también entre dos candidaturas provenientes del tronco del MAS, como Eduardo del Castillo y Andrónico Rodríguez, que tuvieron un bajo rendimiento electoral con 8,51% y 3,17% respectivamente. Lo sorprendente fue el voto nulo, una consigna lanzada por Evo Morales semanas antes de la votación, que llegó al 19,8% de la votación.

El segundo factor tiene que ver con el deterioro económico. Ya en noviembre de 2025, Luis Arce había dejado el poder en medio de una crisis de los carburantes, una contracción del PIB de 1,48% al finalizar la gestión y una inflación de 20,40%, catalogada como la más alta en el país en cuatro décadas. Esta crisis fue encarada en parte por la gestión de Rodrigo Paz que, el 17 de diciembre de 2025, por Decreto Supremo, subió en más del doble los precios de la gasolina y el diésel. Esta medida que, en un primer momento no provocó grandes movilizaciones, pero al no ser acompañada por otras que lograran contener el deterioro de la economía de los sectores más pobres, ha generado un descontento social que hoy ha sido canalizado en las calles.
El tercer factor tiene que ver con que en estos pocos meses de gestión, Rodrigo Paz no ha logrado establecer canales de comunicación con las organizaciones sociales y sectores que habían votado por él en el balotaje, y que pertenecían a las zonas que fueron bastiones electorales del MAS: La Paz y El Alto. No ha habido políticas públicas dirigidas a estos sectores y se terminó por aplicar un fuerte discurso anti masista, calificando al anterior gobierno como un «Estado cloaca» donde, para Paz, solo campeaba la corrupción y la ineficiencia. Entonces, no solo se ha tratado de una lectura inadecuada de las bases de apoyo que llevaron a Paz al poder, sino de una incapacidad de establecer intermediarios —unos brokers de la política— que le permitan a Paz conectar con el mundo popular.
Vale la pena precisar algunos elementos que pueden ayudar a pensar en el futuro desarrollo de esta crisis. Por una parte, la movilización está centrada casi exclusivamente en La Paz y en El Alto; en los demás departamentos la vida y la producción transcurren con más o menos normalidad. Por otro lado, la movilización tampoco ha logrado simpatía y hasta ha generado rechazo de la población, que ha criticado las agresiones a transeúntes, los saqueos y los daños a la propiedad pública y privada, amén del desabastecimiento alimentario.
Por último, en los movilizados no parece haber un proyecto político alternativo ni tampoco parece existir un liderazgo claro; de hecho, nadie aparece en la movilización como el portavoz legítimo de la misma.
El gobierno de Paz está bajo presión por las movilizaciones, más aún ante el pedido maximalista de su renuncia, pero no quiere decir que esté contra las cuerdas. Hasta ahora ha gestionado correctamente la contención de las movilizaciones, que han logrado desbloquear parcialmente y por breves espacios de tiempo las rutas hacia La Paz, y ha contenido la violencia callejera sin mayores costos en términos de heridos y vidas. De todas maneras, la situación es muy frágil.
Gobernar es gestionar los tiempos, asunto que Rodrigo Paz tiene que hacer rápido y de buena manera; lo que se juega es la continuidad de la democracia en Bolivia. No es poco.










