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La lucha entre las dos facciones del Cártel de Sinaloa

Desde hace más de ocho meses, Culiacán vive bajo una ola de violencia que mantiene a la población en constante temor y confinada al caer la noche.

Culiacán lleva más de ocho meses sufriendo la violencia generada por la disputa interna del Cártel de Sinaloa entre las facciones de la Chapiza y la Mayiza. Los primeros, herederos del Chapo Guzmán, portan el logotipo de una rebanada de pizza; los segundos, continuadores del Mayo Zambada, de un sombrero norteño. El objetivo de los dos grupos es acabar con el otro, lo que ha llevado a la capital sinaloense a un estado de “narcopandemia”: la población se abstiene de salir de sus hogares y, si lo hace, sabe que debe regresar antes de que caiga el sol, pues la noche es el momento en el que ocurren los enfrentamientos más violentos. 

Ante este escenario de incertidumbre y terror, la duda que surge a cada instante es: ¿cuándo terminará esta situación? Aunque es difícil de responder, comienzan a aparecer indicios de que los del sombrero podrían hacerse con el control de la capital.

Sinaloa, conocida como “el granero de México” porque es el estado agrícola más importante del país, es también el lugar donde se originó la siembra de amapola y marihuana en México. Ya en el siglo XIX había pequeños cultivos en la sierra, pero fue a partir de la década de 1940 cuando la producción se incrementó debido a la demanda que se originó en Estados Unidos a raíz de la Segunda Guerra Mundial.

El nacimiento del Cártel de Guadalajara, en la década de los 80, cambió las reglas del juego del narcotráfico. Sus fundadores, los sinaloenses Félix Gallardo, Caro Quintero y Fonseca Carrillo, demostraron que el tráfico de drogas hacia los Estados Unidos era un negocio muy lucrativo del cual todos querían formar parte. Rápidamente empezaron a surgir narcotraficantes, organizaciones criminales y brazos armados, todo esto ante un Estado mexicano que, por complicidad o incapacidad, no logró enfrentar el problema de manera efectiva. 

En 2018, la llegada a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, del partido Morena, prometía un cambio de rumbo en materia de seguridad, ya que en campaña afirmaba que acabaría con la violencia, regresando a los soldados a sus cuarteles y atacando las causas que llevan a las personas a delinquir y unirse al crimen organizado, lo que permitiría una pacificación y la reconciliación entre los mexicanos. 

Sin embargo, la realidad del país al concluir su sexenio fue otra: se registraron 199.952 mil homicidios, superando las cifras del sexenio de Calderón, con 120.463, y de Peña Nieto, con 156.066 (Vela, 2024). En materia de desaparecidos, se registraron más de 50.000 al final de su mandato, y en lo que respecta a las fuerzas armadas, no hubo un regreso a los cuarteles; al contrario, se empezó a emplear a los militares en funciones que normalmente no son de su competencia. Se creó la Guardia Nacional bajo el mando del Ejército, y, según Global Firepower (2025), México cuenta con 412.000 soldados en activo, lo que lo convierte en el país de América Latina con más militares, superando a Brasil y Colombia.

Este escenario no fue obstáculo para que Morena arrasara en las elecciones del 2024, dejando a una oposición disminuida. Unos días después de asumir la presidencia, Claudia Sheinbaum presentó la Estrategia Nacional de Seguridad del Gobierno de México, basada en cuatro ejes: atender las causas, consolidar a la Guardia Nacional, fortalecer la inteligencia e investigación y coordinarse con los gobiernos estatales. Esto representa una continuación de la política implementada por su antecesor, pero con un discurso renovado. 

El Cártel de Sinaloa ha logrado sobrevivir al PRI y al PAN. La política de seguridad implementada por Morena no ha significado un debilitamiento de la organización: han operado como normalmente lo hacen, y con Claudia Sheinbaum parece que continuará esta tendencia. La amenaza, en realidad, proviene de quien actualmente ocupa la Casa Blanca. Donald Trump ya designó como terroristas a los cárteles mexicanos. Los narcotraficantes saben que, de ser capturados y extraditados a Estados Unidos, enfrentarían cadena perpetua. La ofensiva proviene de Estados Unidos, tanto contra el gobierno mexicano, por no detener el tráfico de fentanilo, como contra los cárteles, responsables de su producción y exportación. 

La captura en Estados Unidos del Mayo Zambada fue lo que desató la violencia en Culiacán y la fractura del Cártel de Sinaloa. La aparente traición por parte de una familiar del Chapo facilitó que el Mayo subiera a un avión que aterrizó en Texas, donde fue capturado. Inmediatamente, tanto los herederos del Chapo como los del Mayo comenzaron a disputarse el control del cártel. Sin embargo, ahora saben que, de ser capturados, pueden ser extraditados a Estados Unidos y que su vida termine entre rejas. Saben que no hay vuelta atrás, y han usado todo su arsenal.

Durante los ocho meses de enfrentamiento entre la Chapiza y la Mayiza, se ha señalado que quienes han perdido más miembros han sido los sucesores del Chapo Guzmán. En lo que respecta a los objetivos prioritarios, los de la pizza se han llevado la peor parte, ya que, hasta marzo, las fuerzas federales habían capturado a once de sus operadores, mientras que de la Mayiza solamente habían sido seis (Aispuro, 2025). A estas capturas se suma el operativo realizado por el Ejército mexicano a principios de año para capturar a Iván Archivaldo Guzmán, quien, según The Wall Street Journal, habría logrado escapar a través de túneles, como en algún momento hizo su padre, el Chapo. 

En los últimos días, la noticia de que Ovidio Guzmán, también hijo del Chapo, se declaró culpable de narcotráfico y colaboraría con el gobierno sería un duro golpe para los Chapitos. El secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, confirmó la salida del país de 17 familiares de Ovidio hacia Estados Unidos como parte del proceso de negociación entre el narcotraficante y las autoridades estadounidenses.  

El escenario que se puede presentar es el siguiente: el grupo de los Chapitos sería diezmado ante la captura de personajes estratégicos, y las declaraciones de Ovidio Guzmán al gobierno de Estados Unidos incidirían en las finanzas y en los puntos de producción y distribución de drogas de la organización. Ante esto, la Mayiza lanzaría ofensivas que terminarían por darle el control de Culiacán y otros poblados colindantes con la capital. 

Este escenario muy probablemente daría lugar a otro: al estar Culiacán bajo el dominio de los del sombrero, los hombres de los Chapitos se trasladarían a otros poblados o ciudades, como Los Mochis o Guasave, donde se encontrarían con otros cárteles con un nivel de fuerza considerable, como el de este último. La violencia generada por el narcotráfico se terminaría en Culiacán, pero se trasladaría a otras regiones del estado, principalmente zonas rurales y agrícolas. Al ser Sinaloa el principal productor de alimentos del país, esta situación podría afectar a la producción y provocar un aumento en los precios.

México, históricamente, ha sido un país tanto de tránsito como de producción de drogas, y, particularmente, Sinaloa es uno de los principales productores de marihuana, amapola y, en los últimos años, fentanilo. Esta condición tiene un siglo, y difícilmente cambiará ante un mercado estadounidense que demanda este tipo de drogas y una política de seguridad del Estado mexicano que no ha buscado terminar con el problema, sino contenerlo. Los cárteles sinaloenses parecen una hidra de mil cabezas: un virtual triunfo de la Mayiza en Culiacán desencadenaría el nacimiento de otras organizaciones. 

Autor

Profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad del Valle de México. Doctorando en ciencia política de la Universidad de Guadalajara y máster en Asuntos Políticos y Políticas Públicas de el Colegio de San Luis.

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