A mediados de julio de 2026, Estados Unidos impuso un arancel del 25% a las importaciones procedentes de Brasil tras concluir una investigación que duró un año en virtud de la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974. El arancel se impuso alegando cuestiones relacionadas con prácticas de comercio digital, servicios de pago electrónico, un trato arancelario preferencial y la corrupción, que deja en una situación de desventaja competitiva a las empresas que cumplen con las normas contra el soborno. Además, una investigación estadounidense que se está llevando a cabo sobre las prácticas de trabajo forzoso en Brasil podría acabar en la imposición de un arancel adicional del 12,5%.
Estados Unidos ha defendido durante mucho tiempo intereses económicos y de seguridad nacional legítimos a la hora de garantizar un acceso justo a los mercados, proteger la propiedad intelectual y preservar la competitividad de las industrias estadounidenses. Al mismo tiempo, para entender cómo está cambiando el panorama geopolítico de la región es importante analizar qué papel desempeña la política comercial en la estrategia de Washington para el hemisferio occidental.

Brasil y Estados Unidos tienen una relación comercial estrecha desde hace décadas. Estados Unidos, además, ha registrado de forma constante un superávit comercial con Brasil y es una de las principales fuentes de inversión extranjera directa (IED) del país. En 2025, las exportaciones estadounidenses a Brasil alcanzaron los 54.400 millones de dólares, casi un 6% más que el año anterior, mientras que las importaciones procedentes de Brasil sumaron 39.900 millones de dólares, un 5,7% menos que en 2024. En 2025, el superávit comercial de Estados Unidos con Brasil fue de 14.400 millones de dólares, un 112,8% más que en 2024.
Estados Unidos es la principal fuente de IED en Brasil si se tiene en cuenta el beneficiario efectivo último, con estimaciones que sitúan su participación entre el 22% y el 34% del stock total de IED. Según el Banco Central de Brasil, en 2024 la inversión directa total de Estados Unidos ascendió a 232.800 millones de dólares, la mayor cantidad de inversión directa en Brasil en los sectores de servicios financieros, tecnológicos, comercio y servicios de información.
Pese a la profundidad de esta relación económica, Estados Unidos ha recurrido cada vez más a la política comercial para abordar cuestiones que considera problemáticas desde hace años, como el acceso a los mercados, las prácticas industriales y la competitividad económica. Estas medidas buscan proteger intereses de Estados Unidos, pero también pueden tener consecuencias geopolíticas que van más allá del comercio bilateral.
Desde abril de 2025, Estados Unidos ha impuesto un arancel del 10% a Brasil —como parte del llamado “Día de la Liberación”—, otro del 40% sobre ciertos productos y ahora uno del 25% con la posibilidad de añadir otro del 12,5 %. Según el Atlantic Council, las importaciones estadounidenses de productos brasileños han disminuido rápidamente desde la entrada en vigor de los aranceles, mientras que las exportaciones estadounidenses se han mantenido relativamente estables. En septiembre de 2025, las importaciones estadounidenses de café procedente de Brasil habían caído un 46,5%, un descenso de aproximadamente 17.000 toneladas respecto a la media mensual de algo más de 38.000 toneladas registrada entre enero de 2024 y marzo de 2025.
Estos aranceles también pueden aumentar los incentivos de Brasil para profundizar sus relaciones económicas con socios alternativos como China, especialmente en los sectores directamente afectados por el aumento de las barreras comerciales estadounidenses. Históricamente, China y Brasil han sido importantes aliados económicos. Son, además, países fundadores de los BRICS+ y participan en iniciativas de cooperación Sur-Sur. En Brasil, China desarrolla su relación económica en dos frentes: aumentar el comercio de materias primas y, a cambio, exportar productos manufacturados, así como desarrollar grandes proyectos de infraestructura para facilitar un mayor acceso a los mercados brasileños.
Las exportaciones brasileñas a China alcanzaron los 100.000 millones de dólares en 2025 y consisten principalmente en materias primas, fundamentalmente productos agrícolas, lo que abre nuevas oportunidades comerciales a medida que Estados Unidos continúa imponiendo aranceles a estas materias primas brasileñas. A su vez, las importaciones brasileñas procedentes de China dependen de productos manufacturados, a menudo maquinaria y equipamiento necesarios para cultivar o mantener estos recursos primarios. En 2025, las exportaciones chinas a Brasil alcanzaron un récord de 70.900 millones de dólares, un 11,5% más que en 2024.
Paralelamente al comercio, China busca un mayor control sobre las cadenas de suministro brasileñas a través de la infraestructura. Desde 2024, el país asiático ha sido fundamental para reactivar el proyecto del Corredor Ferroviario Bioceánico Central, que permitirá transportar más rápidamente las mercancías brasileñas hasta los puertos del Pacífico y los mercados asiáticos, alejando las cadenas logísticas de Estados Unidos. El ferrocarril atravesaría zonas de Brasil con una elevada producción de soja, carne de vacuno, cereales y otros productos agrícolas, con el objetivo de reducir el tiempo necesario para llegar a los mercados asiáticos. Además, el ferrocarril conectará con el puerto peruano de Chancay, construido por la empresa china COSCO, lo que permitirá reducir el tiempo de transporte en 20 días y los costes logísticos en un 20%. Aunque el ferrocarril podría mejorar significativamente la logística regional, sus críticos sostienen que el papel dominante de China en la financiación y operación de componentes clave del corredor podría aumentar la dependencia estratégica a largo plazo.
China también ha ampliado su posición en el sector agrícola brasileño mediante inversiones en la producción de soja en la Amazonia, aumentando su control desde 1,6 millones de hectáreas en 2007 hasta 7,28 millones de hectáreas en 2022. Esto ha provocado una deforestación generalizada y el desplazamiento de comunidades indígenas, y también ha deteriorado la biodiversidad y los sistemas hídricos regionales. Aunque el impacto definitivo sigue siendo incierto, la construcción de un ferrocarril bioceánico y de otros grandes proyectos de infraestructura podría reforzar el papel de China en una mayor deforestación de la Amazonia.
Las inversiones agrícolas chinas en Brasil han aumentado gracias a instituciones financieras chinas, como el Banco de Exportaciones e Importaciones de China, que se asoció con el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil para crear en 2025 un fondo de inversión de 1.000 millones de dólares. Se espera que esta inversión priorice el desarrollo sostenible, la transición energética ecológica, las infraestructuras verdes, la bioeconomía, la agricultura, la minería, la economía digital y la inteligencia artificial. Esto permitirá a China aportar capital a sectores estratégicos brasileños, como la energía y la agricultura, para profundizar su influencia a largo plazo en el país.
En última instancia, la política comercial implica inevitablemente contrapartidas tanto económicas como estratégicas. De cara al futuro, en este año electoral crucial para Brasil, la política exterior será uno de los principales focos de atención, mientras el país continúa buscando vías de diálogo basadas en el comercio justo, la inversión bilateral y sus relaciones con Estados Unidos.










