Los escenarios que se abren dependen de cuánto pueda el sistema político absorber el descontento derivado del resultado de esta primera elección presidencial.
Aunque el Gobierno presume una fuerte caída en homicidios, el aumento de desapariciones, la expansión del control criminal y la violencia territorial dibujan un panorama mucho más alarmante.
América Latina gira a la derecha impulsada por el hartazgo ciudadano, priorizando seguridad y economía mientras el centro político enfrenta su mayor dilema.
La expansión del crimen organizado en América Latina ya no solo amenaza la seguridad, sino que erosiona silenciosamente las instituciones y pone en jaque la democracia en toda la región.
Sin mayorías claras ni margen hacia los extremos, las candidaturas concentran su estrategia en seducir a un electorado moderado que definirá la elección.