En un clima de amenazas e intentos de deslegitimación, garantizar la transparencia y respeto de los resultados electorales es la defensa misma de la democracia.
En la era de la “geopolítica del yo”, el poder global deja de articularse en reglas y alianzas estables para girar en torno al liderazgo personalista, transaccional y autorreferencial de Donald Trump.
Ecuador ha dejado de ser un actor marginal para integrarse de lleno, y tardíamente, a las dinámicas del crimen organizado transnacional, en un contexto de profundas debilidades estatales.
En un mundo que se reorganiza al margen de reglas y controles, las democracias enfrentan el desafío urgente de resistir el avance de liderazgos autoritarios sin renunciar a sus propios límites.