El trumpismo muestra cómo la comunicación política contemporánea convierte el miedo y el pánico moral en una gramática de poder sostenida por emociones, plataformas digitales y crisis permanentes.
El show del Super Bowl confirmó que, en la cultura popular global, el espectáculo nunca es neutral: lengua, identidad y poder político se disputan incluso en el escenario más masivo del entretenimiento.
La concentración extrema de riqueza no solo profundiza la desigualdad, sino que amenaza la supervivencia misma de la democracia al convertir el poder político en un privilegio de las élites económicas.
La violencia que siguió a los hechos recientes en Jalisco no habla solo de una organización criminal, sino de la capacidad —y los límites— del Estado para administrar los vacíos de poder.
El debate sobre redes sociales y niñez dejó de ser teórico: en América Latina empieza a consolidarse un consenso político para regular a las plataformas.