América Latina gira a la derecha impulsada por el hartazgo ciudadano, priorizando seguridad y economía mientras el centro político enfrenta su mayor dilema.
La expansión del crimen organizado en América Latina ya no solo amenaza la seguridad, sino que erosiona silenciosamente las instituciones y pone en jaque la democracia en toda la región.
Sin mayorías claras ni margen hacia los extremos, las candidaturas concentran su estrategia en seducir a un electorado moderado que definirá la elección.
Nombrar al crimen organizado como terrorismo no solo endurece las penas: redefine la amenaza, reconfigura las respuestas del Estado y tensiona la soberanía en América Latina.
Aunque el feminismo acumula avances legales en la región, el auge de resistencias políticas y culturales pone en duda su traducción efectiva en la vida cotidiana de las mujeres.
El bloqueo del estrecho de Ormuz evidencia cómo un solo punto crítico puede desestabilizar el sistema energético global, exponiendo su profunda fragilidad ante conflictos geopolíticos.