Jakelyn Chiu es una lideresa comunitaria del municipio Bocas del Toro, Panamá. Ella dio a luz por primera vez a los 17 años y luego se convirtió en madre soltera de tres hijos. Afrodescendiente y residente de Almirante, una de las principales ciudades de la provincia de Bocas del Toro, es también una artista comprometida con su comunidad. Además de su trabajo creativo, apoya a las mujeres en la defensa de sus derechos sexuales y reproductivos.
“La atención especial para la mujer, no tenemos. Tenemos una ginecóloga, que a veces aparece; pero aquí, por lo menos en el distrito, no tenemos una ginecóloga permanente. Las mujeres tenemos que ir a otra provincia para atendernos», expone.
Su testimonio refleja la dura realidad que viven muchas mujeres de comunidades de Latinoamérica y el Caribe. Los servicios de salud sexual y reproductiva y los centros de denuncia por violencia son prácticamente inaccesibles. Las barreras en el acceso se agravan debido a factores como el género, la etnia-raza, los ingresos, la edad y el lugar de residencia.
Esto afecta especialmente a las adolescentes afrodescendientes. En la región, donde una adolescente da a luz cada 20 segundos, las jóvenes afrodescendientes enfrentan un 50% más de probabilidades de ser madres que sus pares no afrodescendientes.
En este contexto, «No Dejar a Nadie Atrás» es parte de la visión del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y también el nombre de un proyecto que está llevando a cabo, con el apoyo del Gobierno del Gran Ducado de Luxemburgo y el Gobierno de Irlanda, en municipios de la Costa Caribe Centroamericana; entre ellos, Bocas del Toro.
Jakelyn está allí, donde no llegan los servicios
La falta de infraestructura sanitaria obliga a muchas mujeres a recorrer largas distancias para recibir atención básica. Jakelyn recuerda una ocasión en la que, mientras sufría un sangrado estando embarazada, tuvo que viajar en transporte público desde Almirante hasta la ciudad de David para recibir atención médica, un trayecto de más de cuatro horas que puso en riesgo su salud.
Esta falta de acceso a servicios de salud aumenta el riesgo de muertes maternas. En América Latina y el Caribe mueren diariamente 20 mujeres por causas relacionadas con el embarazo, el parto o el postparto. En el caso de mujeres indígenas y afrodescendientes, el riesgo es hasta tres veces mayor.
Denunciar casos de violencia es otra gran dificultad. Jakelyn relata que el centro de denuncias más cercano está en Changuinola, a una hora de Almirante. Sin embargo, para las mujeres que viven en zonas rurales, islas o áreas montañosas, el viaje puede durar hasta tres horas y costar hasta 25 dólares, un obstáculo que muchas no pueden superar.
Jakelyn trabaja para ofrecer servicios de apoyo a estas mujeres, facilitando su acceso a la justicia y a la atención necesaria, contribuyendo así al empoderamiento femenino y a la reducción de la violencia sexual. No obstante, este apoyo no es siempre bien recibido. Jakelyn relata: “Muchos hombres me ven como un peligro para ellos, porque oriento a muchas mujeres y les digo los derechos que tienen y adónde se pueden acercar, y me ven como una amenaza.»
A pesar de estos desafíos, Jakelyn también colabora con el UNFPA para empoderar a las adolescentes y prevenir los embarazos no intencionales en su comunidad.
La urgencia de formar a las adolescentes
La falta de educación integral de la sexualidad (EIS) representa un gran desafío para Bocas del Toro. Rashell Briggitte, una joven del mismo Almirante, explica que Bocas del Toro registra un alto índice de infecciones de transmisión sexual. En los colegios, la educación sexual se limita a clases de biología básica.

Rashell Skeeling, marcada por la experiencia de su amiga que se embarazó a los 16 años, defiende la importancia de informar a los jóvenes sobre sexualidad para prevenir embarazos no intencionales. © UNFPA Panamá
“Hay muchos casos de embarazos no deseados en la adolescencia y es algo que debería corregirse. Debería haber una materia en los colegios para que se profundice este tema, que es muy necesario,” afirma.
El proyecto “No Dejar a Nadie Atrás” promueve la EIS para que adolescentes y jóvenes puedan tomar decisiones informadas sobre su salud sexual y reproductiva. En 2024, aproximadamente 1.000 jóvenes participaron en iniciativas del proyecto impulsado por el UNFPA y accedieron a información precisa sobre identidad, derechos humanos, sexualidad, autonomía corporal y relaciones saludables. Este enfoque se basa en los derechos humanos, la igualdad de género y el empoderamiento juvenil.
Igualmente, el proyecto contribuye a reducir brechas mediante la formación de proveedores de salud en atención integral de salud sexual y reproductiva, con enfoque en derechos, género e interculturalidad. En 2024, fueron capacitados 278 profesionales de la salud en los cinco países que cubre el proyecto.
Además, se aborda el acceso a métodos anticonceptivos, un aspecto clave para prevenir embarazos no intencionales. Hasta la fecha, se han apoyado los servicios de los municipios seleccionados para el proyecto con la distribución de más de 25.300 anticonceptivos, además de modelos anatómicos e insumos médicos para fortalecer las habilidades de los proveedores de salud y ofrecer una atención más integral a las y los adolescentes.
El empoderamiento juvenil es el camino
Ashley Santizo y Astrid Benet son dos jóvenes que han participado en las actividades que el proyecto ha llevado a Colón, otra provincia de Panamá. Al igual que Rashell, abogan por más espacios para recibir educación integral de la sexualidad y apoyo de la comunidad para hacer realidad sus proyectos de vida.

Astrid Benet y Ashley Santizo, dos jóvenes originarias de Colón, encarnan la fuerza de una nueva generación de mujeres: informadas, empoderadas y decididas a transformar su realidad y la de sus comunidades. © UNFPA Panamá
“Sobre los derechos sexuales y reproductivos aprendí que una de las cosas más importante es tener la información a mano para practicar una sexualidad segura y responsable”, nos cuenta Astrid.
Mientras tanto, Ashley agrega que “aprender sobre la equidad de género significó para mí oportunidades. La oportunidad de poder llevar a mi comunidad nuevos aprendizajes y experiencias”.
Las historias de Jakelyn, Rachell, Ashley y Astrid demuestran que, cuando se brinda acceso a servicios de salud, educación sexual integral y espacios seguros, las mujeres y juventudes afrodescendientes no solo ejercen sus derechos, sino que también impulsan transformaciones profundas en sus comunidades.
Cerrar las brechas en salud sexual y reproductiva no puede seguir siendo opcional. Requiere el firme compromiso de los encargados de formular políticas para garantizar que cada persona –sin importar su etnia-raza, ingresos, edad y ubicación一 tenga la oportunidad de vivir con dignidad, autonomía y bienestar. Al fortalecer su participación y liderazgo, se garantiza que sus perspectivas y necesidades específicas sean consideradas en las políticas y programas, contribuyendo así a cerrar las brechas de desigualdad, reducir la mortalidad materna y el embarazo en adolescentes en sus comunidades, y asegurar que nadie se quede atrás.










