“Antes no me reconocía como una mujer afrodescendiente; no porque no lo fuera, sino porque crecí en un entorno donde nunca se hablaba del tema. Lo descubrí en un curso con UNFPA y fue como abrir los ojos al mundo. Ahora camino con más seguridad, sabiendo quién soy”.
Con estas palabras, Odalys Gonzáles recuerda un proceso decisivo en su vida: cuando empezó a nombrar su identidad con la certeza de quien encuentra algo que siempre le perteneció. Eso la llenó de orgullo y satisfacción. “Fue reconocerme como lo que verdaderamente soy… encontrar mis raíces”.
Los pueblos afrodescendientes han enfrentado invisibilización, discriminación y barreras estructurales que limitan sus oportunidades. Para las adolescentes, estas condiciones se traducen en racismo cotidiano, desigualdades económicas y educativas, y barreras en el acceso a servicios de salud pertinentes. En América Latina y el Caribe, las adolescentes afrodescendientes tienen un 50% más de probabilidades de ser madres que sus pares no afrodescendientes, un factor que perpetúa la desigualdad y limita sus proyectos de vida.
Frente a estos desafíos, reconocer la identidad se presenta como un camino de empoderamiento. “La población garífuna y afrodescendiente ha sido víctima de exclusión histórica. Reconstruir su identidad es clave para exigir derechos y hacer frente a desafíos como la prevención del embarazo en adolescentes”, señala Thanalí Patruyo, Coordinadora del Proyecto No Dejar a Nadie Atrás para la reducción del embarazo en adolescentes afrodescendientes, impulsado por el UNFPA, la agencia de las Naciones Unidas para la salud sexual y reproductiva, con el apoyo del Gran Ducado de Luxemburgo y el Gobierno de Irlanda.
“Para muchas y muchos jóvenes, reconocerse como afrodescendientes es reconocerse como portadores de una historia de resistencia y dignidad. Este proceso fortalece su autoestima, amplía su capacidad de liderazgo y les permite actuar frente a situaciones que vulneran sus derechos”.

Para Odalys, este árbol cerca de la casa de su abuelo simboliza sus raíces y su historia. © UNFPA Guatemala
Un proyecto que busca cerrar brechas
Desde 2023, el proyecto No Dejar a Nadie Atrás promueve el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos entre adolescentes y jóvenes afrodescendientes en la costa Caribe de Belice, Costa Rica, Guatemala, Honduras y Panamá.
El proyecto trabaja desde tres dimensiones complementarias: la educación integral con enfoque étnico-racial, el fortalecimiento de servicios de salud sexual y reproductiva culturalmente pertinentes y la transformación de normas sociales que han perpetuado el silencio y la discriminación.
Uno de los ejes centrales del proyecto ha sido enfrentar el racismo y resignificar la identidad afrodescendiente para empoderar a las juventudes. “En comunidades donde durante años se ha intentado silenciar la herencia garífuna y afrodescendiente, reconocer y resignificar la propia identidad se convierte en el primer paso para exigir respeto, reconocimiento y derechos”, expresa Wilson Trigueño, facilitador del proceso de formación “Conozco y ejerzo mis derechos en Wabagari”.

Como parte del proyecto “No dejar a nadie atrás”, Wilson Trigueño acompaña a adolescentes y jóvenes afrodescendientes en procesos de formación que fortalecen su liderazgo y el ejercicio del derecho a una vida libre de discriminación. © UNFPA Guatemala
El programa “Conozco y ejerzo mis derechos en Wabagari” forma parte de los procesos de formación que el proyecto ha ofrecido a jóvenes de Livingston, Puerto Barrios, Los Amates y Morales, en la región de Izabal, ubicada en el noreste del país. En estos espacios, seguros y participativos, las y los jóvenes pueden hacer preguntas sobre temas que a menudo se consideran tabú y hablar sin miedo.

Odalys es una de las jóvenes que integran la primera cohorte del programa “Conozco y ejerzo mis derechos en Wabagari”. Ella ha transformado su experiencia en acción comunitaria. Ahora replica la formación con otros jóvenes y conduce talleres intergeneracionales. © UNFPA Guatemala
Otro aspecto clave del proyecto ha sido la capacitación del personal de salud y promotores comunitarios para fortalecer la atención integral y diferenciada a las personas adolescentes, incluida la consejería sobre métodos anticonceptivos. Este proceso ha proporcionado herramientas prácticas para apoyar la toma de decisiones informadas.
De manera complementaria, el proyecto ha promovido la movilización comunitaria y la articulación con instituciones y organizaciones de la sociedad civil, con el objetivo de garantizar servicios de salud y educación pertinentes, basados en derechos y adaptados a la realidad cultural de las comunidades garífunas y afrodescendientes de Guatemala.
Cuando la identidad se convierte en motor
Lo que para Odalys comenzó como un proceso personal de reconocimiento y resignificación de su identidad se ha transformado en un camino colectivo de liderazgo.
A raíz de su participación en los procesos de formación del proyecto, Odalys decidió fundar, con otras jóvenes afrodescendientes, la organización Afrocreatividad. En sus palabras, Afrocreatividad es “un movimiento que empodera a los jóvenes a través de herramientas creativas de información y comunicación, para que podamos defender nuestros derechos”.
“El arte, la creatividad y la defensa de los derechos son ejes que permiten a las juventudes decidir sobre su presente y su futuro”.










