L21

|

|

 

Elección subnacional en Bolivia: la nueva realidad política

Con un mapa electoral disperso y sin un eje político dominante, los comicios evidenciaron una dinámica más fragmentada, territorializada y difícil de encuadrar en lecturas nacionales tradicionales.

El domingo 22 de marzo Bolivia acudió a las urnas para elegir a las autoridades de 9 gobernaciones y asambleas legislativas departamentales, y de 335 alcaldías y concejos municipales. Fueron los primeros comicios después de dos décadas de hegemonía del Movimiento Al Socialismo (MAS), concluida con la elección presidencial de 2025. Aquella elección no solo marcó la alternancia y el derrumbe del aparato del MAS, sino que también desestructuró el sistema político y partidario organizado en torno a la rivalidad del MAS y la oposición, representada por una galaxia de organizaciones y líderes, tanto nacionales como locales.

Esa nueva realidad política, desprovista del antiguo eje ordenador que era la pugna entre el MAS y sus adversarios, se expresó nítidamente en la elección subnacional, con cinco efectos y consecuencias principales.

En primer lugar, desapareció la lectura de los resultados de las elecciones subnacionales en clave nacional. Hasta 2021, los datos se interpretaban como avances, frenos o retrocesos del gobierno del MAS y, viceversa, de la oposición; cada resultado de gobernación o de alcaldía se vinculaba con la matriz nacional. En 2026, la política se volvió local: las cifras departamentales o municipales se explicaron a partir del contexto regional, con pocas opciones de darles un sentido más general que facilite su análisis fuera de su delimitación específica. La ausencia del MAS no fue cubierta por el nuevo oficialismo encabezado por el presidente Rodrigo Paz. Aunque hubo una sigla oficialista, Patria, compitiendo en varios espacios, el gobierno se mantuvo al margen de la contienda y la campaña no se nacionalizó en ningún momento.

Luego, la oferta política se disgregó. Antes, la presencia del MAS en la papeleta concentraba a todo un campo de la política. Al mismo tiempo, ante la dimensión del rival, las fuerzas de la oposición procuraron reagrupamientos para permanecer competitivos. La oferta se fragmentó y creció la cantidad de candidaturas (de alrededor de 14.000 postulaciones hasta 18.000 en cifras redondas).

Una multitud de organizaciones locales y una que otra nacional intentaron llenar el vacío del MAS, tanto más que, salvo Cochabamba, Evo Morales no congregó a sus simpatizantes detrás de alguna sigla de ocasión. En las filas de la antigua oposición, desapareció la presión para articular esfuerzos para enfrentar a un adversario de peso.

En tercer lugar, los votantes tuvieron el desafío de encarar la papeleta sin los cómodos atajos de la polarización partidaria previa. De forma simplificada, hasta 2021, los electores cercanos al MAS marcaban la candidatura de la organización con pocos cuestionamientos, aunque en las subnacionales el MAS no alcanzaba los porcentajes de las presidenciales pues movimientos ideológicamente cercanos procuraban alcanzar espacios de poder por cuenta propia. Los opositores procedían de manera similar, solo que se concentraban detrás de la candidatura mejor posicionada para enfrentar al MAS en una lógica de “voto útil”. En 2026, el electorado debió elegir a partir de otros parámetros (simpatía por la personalidad, afinidad ideológica, convencimiento programático, etc.), definitivamente menos cohesionadores que los anteriores.

Vinculado al punto anterior, el voto se fragmentó. Justamente, la irrupción de nuevas consideraciones a la hora de sufragar, menos vinculadas con la polarización, dispersó las preferencias en todo el espectro político. Hasta 2021, comúnmente se esbozaban duelos, aunque fuesen asimétricos en cualquiera de las dos direcciones, con un representante de la oposición y un candidato del MAS. En 2026, se batió el récord de segundas vueltas para las gobernaciones (en seis de nueve departamentos, contra cuatro en 2021). Asimismo, los vencedores tendieron a obtener porcentajes bajos, al punto que varias alcaldías capitalinas se ganaron con menos de 25%, incluso menos de 20%.

Por último, en esta elección se han roto las amarras entre el sistema partidario nacional, representado en la Asamblea, y las organizaciones locales. Con excepciones, los partidos nacionales más votados en 2025 obtuvieron bajos porcentajes y mostraron una escasa presencia municipal. A la inversa, salieron airosas agrupaciones ciudadanas de alcance municipal o departamental poco vinculadas con la dinámica nacional.

Bolivia ingresa así en una nueva fase política y dado que la elección subnacional es la última contienda electoral antes de la presidencial y legislativa de 2030, el sistema político no tendrá oportunidades para reacomodarse antes de esa cita mayor.

Autor

Otros artículos del autor

Sociólogo político, investigador y escritor. Director de IDEA Internacional en Paraguay y ex vocal del Tribunal Supremo Electoral de Bolivia.

spot_img

Artículos relacionados

¿Quieres colaborar con L21?

Creemos en el libre flujo de información

Republique nuestros artículos libremente, en impreso o digital, bajo la licencia Creative Commons.

Etiquetado en:

COMPARTÍR
ESTE ARTÍCULO

Más artículos relacionados