Brasil y el síndrome de Voldemort

Hoy en día en Brasil vivimos con el síndrome de Voldemort. Los afectados por esta indisposición son principalmente periodistas y medios de comunicación del espectro político moderado, en particular los ahora huérfanos de padre y madre de la centro-derecha. Los estudios clínicos indican que los afectados son incapaces de pronunciar términos como “fascista”, “extrema derecha” y “amenaza a la democracia”. Sus manos se paralizan cuando tratan de escribir tales palabras en sus artículos. Tras algunos intentos, aun jadeando por el esfuerzo hercúleo, repiten al unísono: las instituciones son sólidas en Brasil.

Recientemente en la Folha de S. Paulo, el diplomático Gustavo Maultasch publicó un artículo titulado “El Síndrome de Levitsky”, apoyando la idea de que la izquierda fabrica discursos sobre los riesgos para la democracia que supone el gobierno de Bolsonaro. Burlándose del politólogo de Harvard, Steven Levitsky, el discurso de la “muerte de la democracia” estaría motivado por el hecho de que la izquierda está resentida por haber perdido las elecciones. Según el diplomático, el verdadero peligro radica precisamente en el discurso de la izquierda al hablar de la muerte de la democracia, que generaría un efecto de “profecía autocumplida”. Incluso puedo entender el miedo del diplomático de hablar sobre el tema. Después de todo, si decimos la palabra “realidad” tres veces, esta terminará apareciendo.

Algunos de los argumentos de Levitsky con los que uno puede, o no, estar de acuerdo, ya han sido ampliamente criticados por varios expertos, por lo que no es mi intención apoyarlos o refutarlos. Aquí hablaremos de un morbo específico que afecta hoy en día a Brasil: el síndrome de Voldemort.

Análogamente a las películas de Harry Potter, el oscuro mago Voldemort es un aspirante a dictador de derecha y abiertamente de “sangre pura”. En la película, es común que se refieran a Voldemort como “ya sabes quién”, evitando pronunciar su nombre, además de la negativa de las autoridades a admitir que había claros indicios de que el Señor Oscuro y sus comisarios de la muerte regresaban para eliminar a los adversarios y a la sangre impura y tomar el poder.

En Brasil, como en las películas de Harry Potter, uno duda en calificar como fascistas, o de extrema derecha, los actos, discursos y plataformas de campaña efectivamente típicos de los gobiernos fascistas.

En Brasil, como en las películas de Harry Potter, uno duda en calificar como fascistas, o de extrema derecha, los actos, discursos y plataformas de campaña efectivamente típicos de los gobiernos fascistas. Existe un fuerte riesgo de que, al no llamar a las cosas por su nombre, se normalicen los actos y discursos fascistoides, lo que hace más probable que los métodos autoritarios se conviertan en exigencias de la población como única solución a los problemas reales del país. Esto también podría favorecer el surgimiento de políticas estatales con tal sesgo que trasciendan el gobierno actual y se consoliden en la cultura política.

Personalmente, quien escribe no considera que el gobierno de Bolsonaro sea fascista en general, lo que no significa que no haya fascistas en el gobierno. Tampoco es una dictadura, y espero que no lo sea, pero esto no significa que la democracia brasileña no pueda ser debilitada por un gobierno como el de Bolsonaro y sus cómplices de la estupidez.

De hecho, el más curioso de los síntomas del síndrome de Voldemort es la negación de las amenazas a la democracia: se repite como un mantra que las instituciones brasileñas son fuertes y que no existe riesgo de ruptura democrática. Pero no se trata sólo de una cuestión de ruptura democrática, porque una democracia puede debilitarse con instituciones fuertes, y seguir siendo una democracia.

Tal vez los afectados por el síndrome tengan razón. Después de todo, ¿se justifica la preocupación por los términos fascistas meramente declarados desde el poder, uno con antecedentes fascistas y que hizo campaña con promesas fascistas? Después de todo, ¿qué sería la extrema derecha o fascista? Elogiar torturadores; pedir la intervención militar y estadounidense para realizar un golpe de estado en Brasil; amenazar con cerrar la Suprema Corte (STF); querer “ametrallar a la petralhada“, la forma peyorativa de referirse a los militantes del Partido de los Trabajadores (PT); amenazar con establecer un nuevo AI-5 para reprimir y castigar a los opositores; decir que el Régimen Militar de 1964 no fue una dictadura, aunque mataba a poca gente, pues habrían tenido que matar a treinta mil para extirpar un peligro comunista de fantasía; iniciar una guerra civil y que si mueren personas inocentes está bien.

La centro-derecha fue fagocitada electoralmente en 2018 y parece que aún no ha aprendido la lección. Hay que tener valor para asumirse como moderado. Mientras tanto, el “perdedor” de las elecciones, el PT, tiene en el Congreso la mayor bancada con 53 diputados y parece ser, al dia de hoy, la única alternativa con suficiente fuerza para 2022, con o sin Lula.

Por analogía, en la película “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte” hay una escena emblemática en la que el Ministro de Magia, Rufus Scrimgeour, siendo cuestionado sobre una serie de acontecimientos ocurridos que indicaban el regreso de Voldemort, hace un discurso a la prensa con un semblante tenso, como si negara la realidad, en el que dice que no obstante los tiempos oscuros vividos, el Misterio se mantuvo fuerte. A continuación aparece en escena Hermione, leyendo un periódico con noticias de asesinatos políticos y varios ataques vinculados al Señor Oscuro (Voldemort).

Pero en el caso brasileño hay un cierto cinismo al negar los riesgos para la democracia, guiado por el temor de favorecer una desafección política de parte de la prensa, claramente no comprometida con la democracia y la legalidad. Lo importante es que el PT no vuelva a ganar, cueste lo que cueste. Hay aquí un aspecto de la cultura política brasileña, preponderante en quienes apoyan la operación Lava-Jato como revolución ética, que está explícito en uno de los famosos memes de la “Barbie fascista”: el de la falsa integridad moral.

Los moderados en Brasil están participando en un ciclo destructivo de estupidez: para olvidar el dolor de la mano derecha rota, se rompen la mano izquierda. Mientras tanto, la enfermedad se está extendiendo.

Foto de midianinja en Foter.com / CC BY-NC-SA

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