Los escándalos recientes y la débil respuesta institucional profundizan la percepción de impunidad y agravan la crisis de confianza en la política y la justicia argentinas.
A medio siglo del golpe, una movilización masiva en todo el país volvió a poner en primer plano la disputa por la memoria histórica frente a discursos oficiales que relativizan el terrorismo de Estado.
Argentina gana acceso ampliado al mercado y respaldo financiero de Washington, pero cede margen estratégico al alinearse con sus intereses y limitar vínculos con China.
La Libertad Avanza convirtió el masivo enojo social en motor electoral, logrando un contundente 40,7% y consolidándose como la principal vía de expresión del malestar argentino.
La política argentina vuelve a sorprender: en un giro inesperado, el oficialismo de Milei logró reconstruir su fuerza y consolidar una nueva hegemonía pese al desgaste de su gestión y las crisis internas.