El auge de la inteligencia artificial conlleva altos costos ambientales y sociales que, según sus críticos, amenazan recursos comunes esenciales y profundizan la concentración de poder.
Los escándalos recientes y la débil respuesta institucional profundizan la percepción de impunidad y agravan la crisis de confianza en la política y la justicia argentinas.
En América Latina, la corrupción no es una anomalía del sistema democrático, sino un engranaje estructural que lo debilita, alimenta el populismo y reproduce la desigualdad.
La Bolivia actual evidencia un Estado debilitado, cooptado por redes ilegales y sin capacidad para hacer cumplir la ley en vastos territorios del país.
La lucha eficaz contra la corrupción saca a la luz tramas que antes eran invisibles, lo que provoca un aumento artificial de la percepción del problema.