La muerte de Raúl Castro podría alterar los equilibrios internos del régimen cubano en un momento marcado por la crisis económica y el creciente malestar social.
Pese a su profunda crisis económica, Cuba conserva una influencia internacional superior a su peso material gracias a una amplia red de gobiernos, partidos, sindicatos y organizaciones sociales que respaldan al régimen.
La crisis más profunda del régimen cubano coincide con una estrategia de máxima presión impulsada por Washington. El objetivo es forzar una transición política, pero el uso de la fuerza ya no parece una hipótesis descartada.
Venezuela y Cuba ensayan una apertura económica limitada para preservar el control político, siguiendo el modelo de China y Vietnam sin abrir la puerta a las libertades democráticas.
Washington vuelve a apostar por una estrategia que ya fracasó hace más de seis décadas: usar las sanciones económicas para forzar un cambio político en Cuba. Pero, mientras intenta aislar al régimen, también dificulta las reformas y empuja a La Habana hacia China.
El encarcelamiento del adolescente Jonathan Muir expone cómo el régimen cubano ha convertido a la juventud contestataria en uno de sus principales objetivos represivos.