El retorno de las políticas antidrogas basadas en la represión amenaza con agravar la violencia, fortalecer al crimen organizado y debilitar las democracias latinoamericanas.
Las democracias latinoamericanas enfrentan una presión creciente —desinformación, crimen, migración y desigualdad— que pone a prueba su capacidad de resistir el desgaste y reinventarse.
El auge de discursos misóginos que cuestionan el sufragio femenino refleja una peligrosa radicalización que amenaza los principios básicos de la democracia.
Las experiencias latinoamericanas sugieren que sin justicia efectiva frente a los abusos del poder, las transiciones democráticas quedan expuestas a retrocesos y regresos autoritarios.
La expansión del crimen organizado en América Latina ya no solo amenaza la seguridad, sino que erosiona silenciosamente las instituciones y pone en jaque la democracia en toda la región.