2025 asoma como un año bisagra en el que el viejo orden ya no funciona, pero el nuevo aún no encuentra ni lugar, ni protagonistas, ni sentido compartido.
En un 2025 marcado por urnas castigadoras, sistemas fragmentados y democracias bajo presión, América Latina confirmó que el voto sigue siendo un instrumento de cambio, pero ya no una garantía de estabilidad ni de fortalecimiento democrático.
El voto obligatorio en América Latina revela una paradoja: aunque la ley exige participar, la participación real depende mucho más de la confianza ciudadana que de las sanciones.
La caída de la participación electoral revela una crisis inquietante: cuando el pueblo deja de votar, la democracia se vacía y avanza, por decisión propia, hacia la “servidumbre voluntaria”.