En los últimos años hemos visto cómo líderes populistas en el mundo han utilizado la división social -ya sea de clase, nacionalidad, etnia, cultura-, como ideología política durante sus campañas electorales.
Se ha debatido ampliamente sobre los límites de la democratización basada solo en elecciones, sin abordar la fragilidad estructural del Estado y su falta de institucionalidad.
Algunos gobiernos, en nombre de la democracia, toman decisiones públicas que irónicamente pueden llegar a acabar con ella y hasta desatar los demonios en el mundo.
El aumento del autoritarismo, las restricciones a los derechos fundamentales y la ineficacia de los sistemas de justicia son factores que inciden en su declive.
En el mundo están apareciendo personajes que desafían el statu quo, promueven agendas antisistema y prometen una verdadera democracia que está marcada por tintes autoritarios.