El ron latinoamericano ya no se juega solo en la caña: la manufactura, el turismo y las marcas premium redefinen quién captura el valor de una industria con creciente proyección global.
Occidente culpa a China de sus debilidades industriales, pero debería aprender de su inversión, planificación y políticas a largo plazo, lecciones más útiles que las guerras comerciales y la retórica antichina.
Ante la fragmentación de la financiación global, los países en desarrollo buscan crear canales alternativos que aseguren el flujo de capital. Pero esta redundancia financiera también plantea riesgos: mayor endeudamiento, sobrecarga administrativa y una persistente dependencia de las principales monedas de reserva.
Con un crecimiento débil y una alta dependencia de factores externos, América Latina enfrenta el reto de redefinir su modelo productivo en un escenario global cada vez más incierto.